Nuestra Historia Nuestros Entrenadores

Nuestros entrenadores | Pedro Ferrándiz

Escrito por Antonio Armero

La brillante historia de nuestro Real Madrid no está hecha por el equipo de fútbol y por todas las personas que han formado parte de el y que han aportado su granito de arena para acrecentar la gloriosa historia de nuestro club. Pero también el equipo de baloncesto a contribuido mucho a engrandecer nuestra historia, y para ello también ha habido muchas personas que han ayudado a ello, como la persona que hoy nos ocupa.

Pedro Ferrándiz González

Es junto a Lolo Sainz, uno de los mejores entrenadores de la historia de nuestro equipo de baloncesto. Ferrándiz, nacido en Alicante un 20 de noviembre de 1928 entrenó al conjunto merengue en varias etapas, iniciándolas 1959 y acabando su etapa como entrenador en el equipo blanco en 1975.

Anteriormente a coger la riendas del primer equipo blanco, ya entrenó a la cantera del equipo madridista. Pero la primera etapa como entrenador del primer equipo la lleva acabo desde 1959 a 1962. Tras un paréntesis de dos años, vuelve a entrenar al equipo la temporada 64-65, en la que compaginará el entrenar al equipo merengue con llevar también esa temporada las riendas de la Selección de España. Su último ciclo como madridista y a la vez el más largo, lo lleva desde 1966 a 1975.

En su extenso palmarés figuran 12 Ligas, 11 Copas y 4 Copas de Europa.

Como homenaje a su trayectoria se crea la Fundación Pedro Ferrándiz, con el fin de cuidar y difundir el deporte por el que tanto hizo.

Entre otras distinciones personales figuran la Gran Cruz de la Real Orden del Mérito Deportivo, Mejor entrenador del Siglo XX de la Revista Gigantes del Basket o Entrenador Inmortal en los últimos 50 años por la Unión de Ligas Europeas de Baloncesto.

El Madrid le ha nombrado Socio de Honor del club.

Para la historia del baloncesto quedará una autocanasta. Era la Copa de Europa de la temporada 61-62, y el Madrid jugaba en Italia contra el Ignis de Varese el partido de ida de los octavos de final. El partido llegaba al final con un empate que llevaba a la prórroga, pero el Madrid la debía afrontar sin dos jugadores importantes que habían sido eliminados por faltas. En previsión de que en el tiempo extra el Ignis tomase una amplia ventaja de cara al partido de vuelta, a Ferrandíz no se le ocurrió otra cosa que su equipo anotase en su propia canasta, dando la victoria a los italianos por tan solo dos puntos. En la vuelta el Madrid venció por mayor diferencia y se clasificó para la siguiente ronda. A raiz de estonces la FIBA cambió la reglamentación castigando este tipo de acciones.

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