Amavisca Gárate, debemos volver al origen, a la brisa salada de Laredo, en Cantabria. Amavisca no procede de las luminosas canteras mediáticas, sino del fútbol de esparto y barro. Su padre, Emilio Amavisca Albo, ya había conocido la vida del profesional en equipos como el Pontevedra, pero José Emilio tuvo que abrirse camino sin atajos, con la única ayuda de una zancada prodigiosa y una voluntad inquebrantable.
AMAVISCA: EL PUÑAL DE LAREDO
Su primer contacto serio con la disciplina fue en el modesto C. D. Laredo. Allí, en la Tercera División, este joven extremo zurdo (aunque jugara habitualmente por la derecha) empezó a desarrollar esa capacidad innata para superar al lateral por pura potencia y fe. En un fútbol que comenzaba a abrazar la velocidad y el músculo, Amavisca era un prototipo de modernidad envuelto en la camisa de un jugador de pueblo.
En 1989, el salto a la élite llegó de la mano del Real Valladolid. El Pucela fue su puerta de entrada, el primer gran escenario donde tuvo que demostrar que el talento de la Tercera valía para la Primera División. Su primera etapa en Zorrilla fue la de la aclimatación, el aprendizaje crucial de que la exigencia no perdona. No brilló de inmediato, no fue un fenómeno, sino un prometedor activo que necesitaba horas de vuelo y minutos de competición real, lejos de la presión de los grandes focos.
Para madurar, para curtirse, la dirección deportiva de Valladolid optó por una cesión. Y así, Amavisca recaló en el U. E. Lleida en la temporada 1991-92, compitiendo en Segunda División. Este movimiento, a menudo ignorado en las grandes crónicas, fue vital. En la categoría de plata, el fútbol es un ejercicio de supervivencia, de lucha cuerpo a cuerpo. Lejos de la presión, Amavisca se convirtió en un jugador más completo, más consciente de sus posibilidades.
Pero el destino, que a veces escribe rectas en el currículum, tenía un plan mayúsculo para él.
Mientras completaba su cesión en Lleida, el nombre de Amavisca resonó en las convocatorias de la Selección Española Olímpica dirigida por Vicente Miera. Y aquí es donde su carrera adquiere una dimensión histórica y mediática irreversible.
Los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 no fueron una simple cita deportiva; fueron el escaparate mundial de una generación dorada del fútbol español. Amavisca, junto a Kiko, Alfonso, Guardiola, Luis Enrique y Abelardo, se colgó la Medalla de Oro tras una agónica final contra Polonia en el Camp Nou (3-2).
Este triunfo le proporcionó la credencial definitiva. Ya no era solo el prometedor extremo del Valladolid; era un campeón olímpico, un futbolista con una chapa internacional que lo distinguía. Volvió a Valladolid en el verano de 1992, pero con un aura muy diferente, con la confianza que da el éxito bajo presión.
En su segunda etapa en el Real Valladolid, Amavisca se convirtió en el futbolista que el Real Madrid ficharía. Dos temporadas sólidas, repletas de goles (sumó 10 en total) y, lo más importante, de asistencias. Se había pulido el diamante: su control era mejor, su toma de decisiones más rápida, y esa zancada brutal ya no era solo potencia, sino una herramienta táctica. Era un jugador total de banda, capaz de sacrificar en defensa y de desequilibrar en ataque. Su nombre ya no era un murmullo de scouting; era un grito en las redacciones deportivas.
La prensa, que ya apuntaba a la necesidad de reforzar las alas de los grandes, lo colocó en las agendas de los clubes top. Y como siempre ocurre en las grandes historias, el Real Madrid, bajo la nueva dirección de Jorge Valdano, lo detectó como la pieza de ingeniería que faltaba para un ataque más vertical y veloz.
Tras conquistar la Séptima y la Intercontinental, y tras un ciclo en el Madrid que fue, por momentos, brillante y por otros, de necesaria resistencia ante los caprichos de los entrenadores, Amavisca tomó una de las decisiones más honestas de su carrera: volver a casa.

En 1999, recaló en el Racing de Santander. Este movimiento no fue un paso atrás; fue un acto de carácter. En lugar de languidecer en un banquillo de un gigante, eligió ser el líder de un club que sentía como propio, un faro para sus paisanos. Tres temporadas completas al servicio del Racing, donde fue el principal referente ofensivo y un capitán sin brazalete. Demostró que el brillo de la gloria no le había quitado el hambre ni la humildad del trabajo diario. Fue el Amavisca más maduro, el que entendía el juego desde la experiencia y la calma.
Cuando parecía que su carrera entraba en la curva final, llegó la llamada desde Galicia: el Deportivo de La Coruña. ¡Y menuda época! Amavisca se incorporó al Súper Dépor de Javier Irureta en 2002. No fue un protagonista absoluto, no era el Amavisca de 1995, pero fue un jugador de rotación de altísima calidad, fundamental para mantener la tensión competitiva de una plantilla diseñada para pelear con los grandes de Europa.
Y en A Coruña, Amavisca alzó la que sería su última gran conquista: la Copa del Rey de 2002, conocida como el Centenariazo, una victoria épica en la mismísima casa del Real Madrid. Este triunfo, lejos de ser una revancha, certifica la profesionalidad de Amavisca, capaz de adaptarse a un nuevo rol y seguir sumando gloria a su palmarés. Permaneció tres temporadas en Riazor, viviendo la edad de oro del club gallego, compitiendo en Champions y demostrando una longevidad que escasea en el fútbol actual.
Finalmente, puso un broche de oro a su carrera en el R. C. D. Espanyol en 2005. Fue un final de temporada corto, pero significativo. Amavisca contribuyó a la clasificación del club perico para la Copa de la UEFA, dejando su última impronta de éxito antes de colgar las botas. Se retiró como había vivido: sumando, ganando, y contribuyendo a los objetivos del equipo.
La carrera profesional de José Emilio Amavisca es un espejo donde deberían mirarse los jóvenes de hoy. Un recorrido que abarca desde la Tercera División hasta la cúspide continental, salpicado de títulos y de un reconocimiento más importante que los Balones de Oro: el respeto de la afición.
Su nombre se asocia inevitablemente al Real Madrid, al puñal por la banda izquierda que asistía a Zamorano, al campeón de la Séptima. Pero su historia completa es mucho más rica. Es la historia de un profesional que nunca dejó de mejorar, que supo ser líder en el Racing y pieza clave en el Dépor, un jugador que siempre antepuso el colectivo al lucimiento individual. Amavisca fue la perfecta conjunción de la velocidad del rayo y la calma del norte, el extremo que demostró que el talento sin trabajo es estéril, y que el éxito se conquista con las botas embarradas.
Su legado no son solo sus trofeos; es el ejemplo de una carrera digna, honesta y brutalmente efectiva. Un jugador que hoy, en un fútbol saturado de marketing, se recuerda como un oasis de autenticidad.
Sus datos en el Real Madrid, extraídos de la obra Veteranos y Noveles (Geoplaneta 2023) y escrita por un servidor son los siguientes:
NOMBRE: José Emilio Amavisca Gárate.
POSICIÓN: Extremo izquierdo.
NACIMIENTO: 19 de junio de 1971.
LUGAR DE NACIMIENTO: Laredo (Cantabria). España.
NACIONALIDAD: España.
DEBUT: 26 de julio de 1994, amistoso, Stade Nyonnais-R. Madrid, 1-6.
DEBUT OFICIAL: 3 de septiembre de 1994, Liga, Sevilla-R. Madrid, 1-4.
ÚLTIMO PARTIDO OFICIAL: 20 de mayo de 1998, Copa de Europa (Final) R. Madrid-Juventus, 1-0.
ÚLTIMO PARTIDO: 30 de diciembre de 1998, partido pro damnificados por el huracán Mitch, R. Madrid-At. Madrid, 0-2.
TEMPORADAS: 4
PARTIDOS OFICIALES: 144
LIGA: 113
COPA: 9
SUPERCOPA DE ESPAÑA: 3
COPA DE EUROPA: 13
COPA DE LA UEFA: 6
VICTORIAS: 77, EMPATES: 35, DERROTAS: 32
TITULAR: 108
SUPLENTE: 36
SUSTITUDO: 45
MINUTOS: 9.520
PARTIDOS COMPLETOS: 63
PARTIDOS AMISTOSOS: 58
GOLES MARCADOS: 14
PRIMER GOL: 14 de septiembre de 1994, Liga, R. Madrid-Athletic, 4-0.
ÚLTIMO GOL: 14 de enero de 1996, Liga, R. Madrid-Zaragoza, 2-2.
DOBLETES: 1.
ASISTENCIAS: 21
INTERNACIONAL: 15 veces con España.
TRAYECTORIA: Real Valladolid, Lleida, Real Valladolid, Real Madrid, Racing de Santander, Deportivo de la Coruña, Espanyol.
TÍTULOS CON EL REAL MADRID:
2 Ligas.
1 Supercopa de España.
1 Copa de Europa.
1 Copa Intercontinental.


Gracias Javi por un nuevo capítulo del Club de los 100. No estuvo mucho tiempo en el equipo, pero dejo su sello. Creo que Amavisca se ganó el respeto y el cariño de la afición merengue.
Genialmente escrito. Enhorabuena!
Amavisca siempre estará en nuestra historia. Autor del quinto gol al Barça la noche de la devolución de “la manita”, la celebración a su amigo con cada gol, la dupla letal con Iván Zamorano en la liga 94/95… Otro cántabro legendario en la banda izquierda del Bernabéu. Gran carrera 11!
Gracias Javier por hacernos recordar.
Además de ser un jugador eficaz, era brillante, fue un gusto verle jugar “rara avis” ahora que todos los extremos juegan a pierna cambiada.
Descartados por Valdano ( que luego asumió su error) Amavisca junto a Zamorano , fue de los jugadores más importantes para conseguir la Liga de la temporada 94/95.