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JaviDatos

EL CLUB DE LOS 100 | AMANCIO

05/11/2025 por JaviDatos JaviDatos

«Imagen. Amancio en acción durante un partido. Fotografía Linkedln.»

Amancio Amaro Varela nació en La Coruña el 16 de octubre de 1939, en una España que aún respiraba polvo y cartillas de racionamiento. De niño, jugaba al fútbol en cualquier descampado donde cupiera un balón, y como casi todos los gallegos de su generación, lo hizo con más hambre que medios. Tenía la humildad de los orígenes duros y la ambición de quien sabe que en la vida, o regateas o te arrollan. Fue en el Victoria Club de Fútbol donde empezó a despuntar, a los quince años, y en el Deportivo de La Coruña donde se convirtió en un talento imposible de esconder. En la temporada 1961–62 fue máximo goleador de Segunda División, y su nombre empezó a circular entre los grandes como el de un extremo que hacía magia por la derecha. Por eso, cuando el Real Madrid llamó a su puerta en 1962, no era un capricho: era destino.

Amancio. El brujo

Aquel fichaje fue, dicen, una epopeya. El Madrid de Bernabéu necesitaba renovar la piel tras la era de Di Stéfano y Puskás, y Amancio era el elegido. El Deportivo lo vendió como quien se desprende de una joya familiar: caro, con lágrimas y orgullo. Al llegar a la capital, Raimundo Saporta lo recibió con sorna castiza. Amancio llevaba una cazadora de piel vuelta, de esas que en A Coruña daban abrigo y aquí daban tema, y Saporta le soltó: “¿Dónde has dejado las ovejas?”. El gallego sonrió, tomó nota, y se dedicó a driblar hasta que nadie volvió a reírse de él.

En el campo fue un artista. El Brujo, le llamaron, porque parecía tener pacto con el balón. Jugaba por la derecha, con esa mezcla de elegancia y mala intención que tienen los elegidos. No sólo regateaba, también humillaba, pero con estilo. “Me llamaban chupón y a mucha honra”, dijo una vez. Cada jugada era un desafío, un reto personal contra el aburrimiento. Su fútbol tenía algo de danza y algo de rebelión. En el Madrid ganó nueve Ligas, tres Copas y la Sexta Copa de Europa, la de los yeyés, aquella en la que un equipo de muchachos españoles volvió a levantar el trofeo más grande del continente. Fue el símbolo de una transición, el hilo blanco que cosió las glorias del pasado con las del futuro.

Con la selección española también dejó huella: 42 partidos, 11 goles y una Eurocopa en 1964, la única que España conquistó hasta los años de Iniesta. Formaba parte de una generación de hombres serios, con el cabello engominado y la mirada limpia, que jugaban sin tatuajes, sin redes sociales y sin representante, pero con un sentido del honor que hoy parece ciencia ficción.

Al retirarse en 1976, Amancio no se marchó. Era de esos jugadores que no entienden la jubilación porque el balón no se va de la sangre. Se quedó en el club, primero formando a jóvenes y luego dirigiendo al Castilla. Allí hizo algo que pocos recuerdan como merece: ganó la Segunda División con un equipo filial. Y más aún, descubrió y formó a la Quinta del Buitre. Míchel, Butragueño, Martín Vázquez, Sanchís, Pardeza… todos pasaron por sus manos. Él los miraba como un padre mira a sus hijos cuando aprenden a conducir: con orgullo y con temor. Los enseñó a jugar con inteligencia, con clase, con ese orgullo callado que había mamado desde niño.

En 1984 subió al primer equipo como entrenador. No tuvo suerte. El banquillo blanco siempre fue un potro de tortura, y ni siquiera un mito como él pudo domarlo. Lo cesaron al año siguiente, sin rencor pero con la herida que dejan las cosas injustas. Sin embargo, su vínculo con el Real Madrid siguió intacto. En 2000 Florentino Pérez lo incorporó a la Junta Directiva, y en 2022, ya con el cabello blanco y la mirada sabia, fue nombrado Presidente de Honor del club. El círculo se cerraba como debía: con respeto, gratitud y memoria.

Fuera del campo, Amancio fue discreto. Casado con Consuelo Vicente Noya, tuvo seis hijos —Óscar, Belén, Amancio, Patricia, Marcos y Claudia— y una docena de nietos. Pasaba los veranos en Oleiros, en su casa de Santa Cristina, donde se le podía ver paseando por la playa, sin escoltas ni aspavientos. Uno de sus nietos llegó incluso a jugar en el juvenil del Madrid, como si el destino quisiera mantener la estirpe. No fue hombre de fiestas ni de titulares: fue de los que preferían el café tranquilo, la conversación breve y el trabajo bien hecho.

El 21 de febrero de 2023 murió en Madrid, a los 83 años. El club entero lo despidió con honores. Florentino Pérez habló de él con voz temblorosa: “Llevaba al Real Madrid en su corazón”. En los homenajes se mezclaban veteranos y niños, gallegos y madrileños, todos conscientes de que se iba un trozo de historia. En el Bernabéu, las fotos de aquel extremo con cara de chico bueno y mirada desafiante recordaban que hubo un tiempo en que el fútbol era arte y no negocio.

Amancio con los trofeos que conquistó con el equipo. Fotografía Realmadrid.com

Amancio fue eso: arte, coraje y decencia. Un hombre que vivió el fútbol como se vive la vida cuando se tiene carácter: sin hacer ruido, pero dejando huella. Fue el puente entre el Madrid de Di Stéfano y el de la Quinta, entre el barro gallego y el mármol del Bernabéu. Y sobre todo, fue el ejemplo de que el talento, cuando va acompañado de humildad, puede convertirse en leyenda.

Hoy su nombre está en la historia blanca como un conjuro: Amancio, El Brujo. El hombre que hizo del regate una forma de resistencia y del Real Madrid su segunda piel.

Sus números en el Real Madrid, extraídos de la obra “Veteranos y Noveles” (Geoplaneta 2023) y escrita por un servidor son los siguientes:

NOMBRE: Amancio Amaro Varela.

POSICIÓN: Extremo derecho.

NACIMIENTO: 16 de octubre de 1939.

LUGAR DE NACIMIENTO: A Coruña. España.

FALLECIMIENTO: 21 de febrero de 2023

NACIONALIDAD: España.

DEBUT: 19 de agosto de 1962, amistoso, Black Stars-R. Madrid, 3-3.

DEBUT OFICIAL: 5 de septiembre de 1962, Copa de Europa, R. Madrid-Anderlecht, 3-3.

ÚLTIMO PARTIDO: 16 de mayo de 1976, liga, R. Madrid-At. Madrid, 1-0.

TEMPORADAS: 14

PARTIDOS OFICIALES: 471

LIGA: 344

COPA: 58

COPA DE EUROPA: 52

RECOPA: 11

COPA DE LA UEFA: 4

COPA INTERCONTINENTAL: 2

VICTORIAS: 264, EMPATES: 107, DERROTAS: 100

TITULAR: 469

SUPLENTE: 2

SUSTITUDO: 45

MINUTOS: 37.329

PARTIDOS COMPLETOS: 384

PARTIDOS AMISTOSOS: 97

GOLES: 155

PRIMER GOL: 16 de septiembre de 1962, Liga, Betis-R. Madrid, 2-5.

ÚLTIMO GOL: 27 de marzo de 1976, Liga, R. Madrid-Sporting, 2-0.

HAT TRICKS: 6,

DOBLETES: 16.

ASISTENCIAS: 122

INTERNACIONAL: 42 veces con España.

TRAYECTORIA: Deportivo de la Coruña, Real Madrid.

TÍTULOS CON EL REAL MADRID:

9 Ligas.

3 Copas.

1 Copa de Europa.

1 Eurocopa.

2 Trofeos Pichichi.

Archivado en: El Club de los 100, Nuestra Historia, Nuestros Jugadores

EL CLUB DE LOS 100 | ALSÚA I

29/10/2025 por JaviDatos JaviDatos

«Imagen. Antonio Alsúa Alonso, jugador del Real Madrid. Fotografía X jugadores del Real Madrid 1.»

En la historia del Real Madrid hay héroes visibles y héroes de andamio. Los primeros aparecen en los carteles, en las portadas, en las figuritas del álbum; los segundos, en cambio, se quedaron en el cemento del estadio, en la lealtad del escudo y en las cifras que nadie recita pero que lo sostienen todo. Antonio Alsúa Alonso, más conocido como Alsúa I, pertenece a esa aristocracia obrera de los cimientos. Un hombre nacido en Irún en 1919, en una España que olía a carbón, humedad y posguerra, y que acabaría siendo uno de los futbolistas que dieron forma al Real Madrid moderno antes de que llegaran las trompetas de la gloria.

ALSÚA I: EL MEDIOCENTRO QUE SOSTUVO AL MADRID CUANDO SOLO LO SOSTENÍA EL ORGULLO

 Su ficha, leída con frialdad, podría parecer discreta: mediocampista, 177 partidos oficiales con el Real Madrid, 46 goles, dos Copas de España y una Eva Duarte. Pero quien mire esas cifras sin contexto no entenderá nada. Porque cuando Alsúa I vistió la camiseta blanca, el club todavía no tenía ni las vitrinas relucientes ni la hegemonía continental que lo harían inmortal. Lo que tenía eran hombres —no figuras— que jugaban por algo más que una nómina. Y Alsúa I era de esos que no necesitaban el brillo para parecer grandes. Le bastaba el balón, una zancada elegante y una puntería poco común para un centrocampista.

Nació futbolísticamente en el Real Unión de Irún, aquel club casi romántico que había sido campeón de España en los años veinte. Desde allí lo fichó el Real Madrid en 1941, cuando España aún contaba los escombros de la guerra y Chamartín era más una aspiración que un estadio. Con 22 años, Alsúa aterrizó en un equipo que luchaba contra todo: la precariedad, la irregularidad y el peso de reconstruirse sin más gasolina que la dignidad. Pero ahí estaba él, incansable, disciplinado, con ese aire de futbolista que no presume pero manda.

Durante ocho temporadas defendió el blanco con una constancia admirable. En una época sin televisión, sin titulares estridentes, sin agentes ni redes sociales, Alsúa I se limitó a jugar bien. Era un centrocampista de los que entienden el juego como una sinfonía: equilibrio, pausa, inteligencia. Tenía, además, un instinto para el gol que habría hecho fortuna en tiempos modernos. Cuarenta y seis dianas no son poca cosa para quien no vivía pegado al área. De hecho, un 2 de febrero de 1947, en un partido de Liga contra el Castellón, se permitió un exceso impropio de su modestia: cinco goles en un solo encuentro. Cinco. En una época en la que el balón pesaba como un ladrillo y los defensas te dejaban el tobillo de recuerdo.

En el vestuario se le conocía como Alsúa I porque su hermano, Rafael, también llegó a la élite como delantero. Rafael fue el talento más mediático; Antonio, la estructura. Uno hacía ruido; el otro, historia. Cuando el Real Madrid ganó las Copas del 46 y del 47, Antonio estaba allí, sosteniendo el medio campo con la naturalidad de quien no necesita un titular para sentirse imprescindible. Después se marchó al Gimnàstic, al Lérida y al Alavés, donde incluso ejerció de jugador-entrenador. Fue una carrera coherente, digna, como las de antes: sin histeria, sin agentes italianos, sin comunicados en redes.

Dicen que murió en Irún en 1998, casi en silencio, como vivió. Pero su nombre sigue colgado en la web oficial del club, en la sección de “Leyendas”. Y no por nostalgia institucional, sino porque sin tipos como Alsúa I el Real Madrid jamás habría llegado a ser lo que es. Los grandes títulos europeos, las Copas de Europa, los Balones de Oro… todo eso se construyó sobre los pies anónimos de hombres que jugaron cuando lo único que se ganaba era respeto.

Alsúa I en un cromo de la época. Fotografía todocolección.com

Alsúa I pertenece a esa generación que sostuvo al Real Madrid cuando solo lo sostenía el orgullo. No hubo focos, ni alfombra roja, ni himno de la Champions; solo un campo embarrado y una camiseta que significaba algo. En cada partido, Alsúa I representaba la parte del Real Madrid que no se ve, la que no presume, la que trabaja. Y tal vez por eso su memoria es importante: porque en tiempos de mercenarios, recordar a quienes fueron fieles sin promesa de gloria es casi un acto de justicia.

Hoy, en los resúmenes del club, su foto aparece en blanco y negro: gesto sereno, mirada firme, la raya bien peinada. No hay arrogancia ahí, sino temple. El mismo temple que necesitaría el Real Madrid para sobrevivir a los años más duros de su historia. Por eso, cuando uno repasa los nombres que de verdad construyeron esta leyenda —Bernabéu, Molowny, Zárraga, Pahíño… y sí, Alsúa I— entiende que los cimientos del madridismo no son los trofeos, sino los hombres que creyeron antes de que hubiera motivos para creer.

Y si algún día vuelves a ver aquella foto antigua —Alsúa I mirando al horizonte con la camiseta blanca sin publicidad, sin firma ni contrato millonario— recuerda que en ese gesto serio y disciplinado se escondía la semilla del Real Madrid eterno. El club que jamás se rinde empezó con tipos así: silenciosos, leales, inmensos en su modestia. Antonio Alsúa Alonso. El mediocentro que sostuvo al Madrid cuando solo lo sostenía el orgullo.

Como siempre suelo decir: Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

Sus datos en el Real Madrid, extraídos de la obra “Veteranos y Noveles” (Geoplaneta 2023) escrita por un servidor de ustedes, son:

 

NOMBRE: Antonio Alsúa Alonso.

POSICIÓN: Centrocampista.

NACIMIENTO: 25 de octubre de 1919.

LUGAR DE NACIMIENTO: Irún (Guipúzcoa) España.

FALLECIMIENTO: 3 de abril de 1998.

NACIONALIDAD: España.

DEBUT: 23 de marzo de 1941, amistoso, R. Madrid-Sevilla, 2-3.

DEBUT OFICIAL: 11 de mayo de 1941, Copa, R. Madrid-Celta, 2-2.

ÚLTIMO PARTIDO: 13 de junio de 1948, Copa Eva Duarte (final), R. Madrid-Valencia, 3-1.

TEMPORADAS: 8

PARTIDOS OFICIALES: 177

LIGA: 132

COPA: 42

COPA EVA DUARTE: 1

COPA PRESIDENTE: 2

VICTORIAS: 92, EMPATES: 31, DERROTAS: 54

TITULAR: 177

SUPLENTE: 0

SUSTITUDO: 0

MINUTOS: 15.725

PARTIDOS COMPLETOS: 176

PARTIDOS AMISTOSOS: 48

GOLES: 46

PRIMER GOL: 11 de mayo de 1941, Copa, R. Madrid-Celta, 2-2.

ÚLTIMO GOL: 18 de abril de 1948, Copa, R. Madrid-Córdoba, 1-0.

REPÓKER: 1,

DOBLETES: 4

ASISTENCIAS: 57

INTERNACIONAL: No.

TRAYECTORIA: Real Unión de Irún, Real Madrid, Gimnástic de Tarragona, Lleida, Alavés.

TÍTULOS CON EL REAL MADRID:

2 Copas.

1 Copa Eva Duarte.

 

Archivado en: El Club de los 100, Nuestra Historia, Nuestros Jugadores

EL CLUB DE LOS 100 | ALKORTA

23/10/2025 por JaviDatos JaviDatos

«Imagen. Rafa Alkorta. Fotografía HisotriasdelReal Madrid.com»

Hubo un tiempo en que los defensas centrales no necesitaban tatuajes, ni peinados patrocinados, ni cuentas verificadas. Les bastaba con una mirada. Una de esas miradas que hacían retroceder al delantero antes de que sonara el silbato. Rafa Alkorta era de esa especie. Su gesto era más el de un profesor serio que el de un gladiador, pero debajo de esa serenidad había acero. Acero vasco, por supuesto.

Rafa Alkorta: el caballero que vino del hierro

Nacido en Bilbao en 1968, formado en Lezama, Alkorta encarnó la quintaesencia del jugador del Athletic: compromiso, nobleza y una cierta solemnidad que, en Euskadi, se confunde con timidez. Su debut en Primera llegó en 1987, aún en pantalones largos de chaval, cuando los estadios olían a puro y bocadillo de tortilla. Muy pronto se ganó un lugar en la defensa rojiblanca, primero por obediencia táctica y después por jerarquía natural. El Athletic tenía esa virtud: te hacía hombre antes de que aprendieras a fingir.

A principios de los noventa, el Real Madrid buscaba equilibrio. Había talento a raudales, pero faltaba una pieza fiable atrás. Entonces miraron al norte y vieron en Alkorta al central perfecto: sobrio, serio y sin miedo a llevarle la contraria al delantero más valiente. Llegó al Bernabéu en 1993, y con él, un pedazo de la dignidad del fútbol vasco.

Allí encontró a Fernando Hierro, y entre ambos construyeron una sociedad defensiva que rozó la perfección. Uno era el trueno; el otro, la muralla. Hierro pegaba el grito, Alkorta corregía la línea. Hierro jugaba con fuego, Alkorta con brújula. Se entendían sin hablar, como las buenas parejas de baile. Durante años fueron la garantía de que, pasara lo que pasara arriba, atrás no se regalaba ni un metro.

Aquel Madrid de Valdano y luego de Capello vivía en una permanente contradicción: querían jugar bonito y ganar feo, o viceversa. En medio de ese ruido, Alkorta se convirtió en un oasis de sensatez. Nunca buscó la cámara, ni la frase ingeniosa. Cuando el Real Madrid ganaba, sonreía en silencio. Cuando perdía, salía a dar la cara. En eso también era diferente.

Rafa Alkorta jugando con la camiseta del Real Madrid. Fotografía Podium Podcast

Ganó dos Ligas y una Supercopa de España con el Real Madrid. No fue el más brillante ni el más mediático, pero pocos fueron más fiables. Su estilo era una mezcla de orden prusiano y ética bilbaína: no hacer el ridículo y no dejar que lo hicieran los demás. Mientras algunos compañeros competían por salir en la portada de Don Balón, Alkorta aspiraba a no salir en la foto del gol. Y eso, en un central, es síntoma de excelencia.

Pero el corazón, como el fútbol, tiene sus propios planes. En 1997 regresó al Athletic. No porque le faltasen ofertas ni minutos, sino porque hay amores que no se apagan ni con dos Ligas en el bolsillo. En Bilbao lo recibieron como se recibe a un hijo pródigo que vuelve con las manos limpias. Allí volvió a ser capitán, referencia y ejemplo de fidelidad. Esa temporada el Athletic quedó subcampeón y entró en la Champions. Alkorta lo celebró como si hubiera ganado el título.

En Alkorta, la identidad siempre pesó más que la vanidad. Y quizá por eso, en un club como el Real Madrid, que mide la historia en trofeos, su legado no se cuenta por copas, sino por respeto.

Su carrera internacional fue igual de sólida: 54 partidos con España, tres Mundiales (1990, 1994, 1998) y una Eurocopa. Jugó contra Maradona, Baggio, Klinsmann, Zidane… y ninguno le tomó el pelo. A veces le superaban, sí, pero nunca le humillaban. Porque si algo tenía Alkorta, además de oficio, era dignidad. Y eso no se entrena.

Cuando colgó las botas, no se disfrazó de entrenador iluminado ni de tertuliano gritón. Fue segundo de Míchel en el Olympiacos y en el Marsella, porque la lealtad también se practica en los banquillos. Luego volvió otra vez a casa, cómo no, como director deportivo del Athletic. Allí intentó modernizar la estructura sin renunciar a la esencia: cantera, esfuerzo, pertenencia. La cuadratura del círculo bilbaíno.

En lo personal, su vida ha sido tranquila, familiar, sin escándalos. Casado con Judith Atienza, padre de Iker y Anne, ha sabido mantenerse lejos del ruido. No vende cremas ni suplementos; no hace documentales sobre su infancia; no aparece en programas de tertulias afiladas y contradictorias que rozan el esperpento. Es un hombre de otra época, una época en la que el silencio todavía era una virtud.

A veces uno piensa que Alkorta habría encajado mejor en los años setenta, junto a los Benito, Pirri o Camacho, cuando los defensas eran tipos que se jugaban la pierna por el compañero. Pero tuvo la mala suerte (o la bendita) de nacer en una generación de transición: la que separó el fútbol obrero del fútbol escaparate. Y aun así, resistió sin travestirse.

El tiempo le ha dado la razón. Hoy, cuando uno ve centrales que se hacen selfies tras perder o que protestan al VAR mientras el rival marca, se echa de menos a tipos como él. Jugadores que sabían que la elegancia no está en el peinado, sino en llegar a tiempo al corte.

Rafa Alkorta fue un futbolista decente en una era que empezaba a perder la decencia. Y eso, en perspectiva, es mucho más grande de lo que parece. El fútbol de hoy le debe respeto a hombres así, los que no hicieron ruido pero sostuvieron el edificio. Los que no salían en los memes, sino en las fotos de grupo.

Quizá nunca gane un premio a la trayectoria, ni falte quien le recuerde con ese paternalismo de los que confunden discreción con falta de carisma. Pero el que haya visto un solo partido suyo sabrá que el fútbol también se juega desde el pudor. Que a veces el mejor gesto de un defensa es no tener ninguno.

Rafa Alkorta fue, y sigue siendo, un caballero del fútbol. Uno de los últimos. De los que despejaban con la cabeza y pensaban con el corazón.

Los números de Rara Alkorta en el Real Madrid, extraídos de la obra Veteranos y Noveles (Geoplaneta 2023) y escrita por un servidor son los siguientes:

NOMBRE: Rafael Alkorta Martínez.

POSICIÓN: Defensa central.

NACIMIENTO: 16 de septiembre de 1968.

LUGAR DE NACIMIENTO: Bilbao (Vizcaya) España.

NACIONALIDAD: España.

DEBUT: 6 de agosto de 1993, Trofeo Castilla-La Mancha, Albacete-R. Madrid, 0-1.

DEBUT OFICIAL: 4 de septiembre de 1993, Liga, Osasuna-R. Madrid, 1-4.

ÚLTIMO PARTIDO OFICIAL: 14 de junio de 1997, Liga, R. Madrid-At. Madrid, 3-1.

ÚLTIMO PARTIDO: 17 de junio de 1997, amistoso, R. Madrid-Mérida, 0-0.

TEMPORADAS: 4

PARTIDOS OFICIALES: 136

LIGA: 107

COPA: 10

SUPERCOPA DE ESPAÑA: 3

COPA DE EUROPA: 5

RECOPA: 5

COPA DE LA UEFA: 5

COPA IBERIA: 1

VICTORIAS: 73, EMPATES: 30, DERROTAS: 33

TITULAR: 127

SUPLENTE: 9

SUSTITUDO: 2

MINUTOS: 11.597

PARTIDOS COMPLETOS: 125

PARTIDOS AMISTOSOS: 42

GOLES: 3

PRIMER GOL: 4 de octubre de 1995, liga, Valencia-R. Madrid, 4-3.

ÚLTIMO GOL: 2 de diciembre de 1995, liga, R. Madrid-Sevilla, 4-1.

ASISTENCIAS: 1

INTERNACIONAL: 54 veces con España.

TRAYECTORIA: Categorías inferiores del Athletic Club, Bilbao Ath., Athletic Club, Real Madrid, Athletic Club.

TÍTULOS CON EL REAL MADRID:

2 Ligas.

1 Supercopa de España.

 

Archivado en: El Club de los 100, Nuestra Historia, Nuestros Jugadores

EL CLUB DE LOS 100 | ALFONSO

19/10/2025 por JaviDatos JaviDatos

Alfonso Pérez Muñoz nació el 26 de septiembre de 1972 en Getafe, cuando Getafe aún olía a fábrica y a barrio sin pretensiones. No imaginaba nadie que aquel chaval rubio, con pinta de buen hijo y tobillos de bailarín, acabaría dando nombre al estadio de su ciudad, aunque con una ironía que el tiempo convirtió en sainete: el campo del Getafe se llama Coliseum Alfonso Pérez, pero Alfonso nunca jugó en el Getafe. Lo de España y sus homenajes tiene siempre un aire de realismo mágico con resaca.

Alfonso Pérez Muñoz: el príncipe del área y la melancolía

Se formó en La Fábrica del Real Madrid, donde entró siendo casi un niño. En 1990, con 18 años, debutó con el primer equipo de la mano de Alfredo Di Stéfano. Eran los años de la transición del Madrid de la Quinta del Buitre hacia una generación más difusa. Alfonso se movía entre el filial y las esperanzas, con esa mezcla de clase y fragilidad que lo acompañaría siempre.

Jugó 119 partidos oficiales con el Real Madrid entre 1990 y 1995 y dejó destellos de delantero de culto: movilidad elegante, remate limpio y un aire de chico de barrio que jugaba al fútbol con zapatos buenos.

En 1995 el Real Madrid lo cedió al Real Betis Balompié, y allí encontró su jardín. En el Villamarín, entre el verde intenso y la nostalgia eterna del beticismo, Alfonso se convirtió en ídolo. Llevó al Betis a una final de Copa (1997) y fue Pichichi nacional de la Liga. Jugaba con ese aire de poeta del gol: no corría, flotaba; no chutaba, acariciaba el balón con violencia.

Su éxito fue tal que, en 2000, el FC Barcelona lo fichó. Alfonso no era del perfil que el Camp Nou idolatra. Su madridismo de base, su acento castizo y su honestidad lo hacían incompatible con el catecismo culé. Su paso se recuerda como un malentendido estético. Lo suyo era el Betis, no el boato.

Alfonso en acción durante un partido frente al Barcelona. Fotografía As.com

Volvió al Betis en 2002, cerrando el círculo con elegancia. En total, entre las dos etapas, sumó 59 goles en 189 partidos. Luego pasó por el Olympique de Marsella, una aventura breve y casi exótica, antes de retirarse en 2005.

Con España, Alfonso tuvo un idilio extraño pero luminoso. 38 internacionalidades y 11 goles, con momentos para el recuerdo:
– Su gol salvador ante Yugoslavia en la Eurocopa 2000 (aquel 4-3 demencial que revivió a España).
– Su diana en la fase final de la Euro 96.
– Y aquella imagen de niño grande celebrando con los brazos abiertos, mezcla de incredulidad y gozo.

Era el delantero de las ocasiones grandes, de los goles con título, pero no de los equipos con aureola. Una paradoja típicamente española.

Fuera del campo, Alfonso ha sido fiel a sí mismo: discreto, sensato, a veces políticamente incorrecto (en una época donde eso ya no cotiza). Vive entre Madrid y Toledo, ligado a su familia y a su nombre, que se mantiene en el estadio de Getafe como un eco amable. En entrevistas suele decir lo que piensa, sin envoltorios de prensa ni marketing. Eso le ha costado titulares, pero le ha mantenido auténtico.

Alfonso Pérez Muñoz fue —y es— uno de esos futbolistas que encarnan la elegancia sin arrogancia. No cambió la historia del fútbol español, pero la adornó con belleza. Jugó como quien recita: sin querer convencer, pero dejando huella.
El Real Madrid lo vio nacer; el Betis lo hizo eterno; y el Barcelona… bueno, el Barcelona fue su Erasmus.

Un delantero que prefería el arte a la estadística. Un romántico del gol. Y sobre todo, un tipo que demuestra que a veces los mejores no son los que ganan más, sino los que dejan más recuerdos que medallas.

Sus datos, extraídos del libro “Veteranos y Noveles” (Geoplaneta 2023) escrito por un servidor, son los siguientes:

NOMBRE: Alfonso Pérez Muñoz.

POSICIÓN: Delantero.

NACIMIENTO: 26 de septiembre de 1972.

LUGAR DE NACIMIENTO: Getafe (Madrid) España.

NACIONALIDAD: España.

DEBUT: 24 de febrero de 1991, Liga, R. Madrid-Zaragoza, 2-0.

ÚLTIMO PARTIDO OFICIAL: 18 de junio de 1995, Liga, R. Madrid-Betis, 0-2.

ÚLTIMO PARTIDO: 9 de agosto de 1996, amistoso, R. Madrid-Torino, 1-1.

TEMPORADAS: 5

PARTIDOS OFICIALES: 119

LIGA: 89

COPA: 13

SUPERCOPA DE ESPAÑA: 2

RECOPA: 4

COPA DE LA UEFA: 11

VICTORIAS: 70, EMPATES: 21, DERROTAS: 28

TITULAR: 48

SUPLENTE: 71

SUSTITUDO: 18

MINUTOS: 5.268

PARTIDOS COMPLETOS: 30

PARTIDOS AMISTOSOS: 51

GOLES: 22

PRIMER GOL: 1 de octubre de 1991, Copa de la UEFA, R. Madrid-Slovan de Bratislava, 1-1.

ÚLTIMO GOL: 22 de diciembre de 1994, Liga, Valladolid-R. Madrid, 0-5.

DOBLETES: 2

ASISTENCIAS: 11

INTERNACIONAL: 38 veces con España.

TRAYECTORIA: Categorías inferiores del Real Madrid, Castilla, Real Madrid, Betis, Barcelona, Olympique de Marsella, Betis.

TÍTULOS CON EL REAL MADRID:

1 Liga.

1 Copa.

1 Supercopa de España.

1 Oro Olímpico.

Archivado en: El Club de los 100, Nuestra Historia, Nuestros Jugadores

EL CLUB DE LOS 100 | ALBIOL

10/10/2025 por JaviDatos JaviDatos

«Imagen. Raúl Albiol el día de su presentación por el Real Madrid. Fotografía Mediotiempo.com»

Hay futbolistas que pasan por la vida con el estruendo de una feria: focos, tatuajes, celebraciones que rozan el contorsionismo y frases para camiseta. Y luego están los otros, los que van de puntillas, hacen su trabajo con la serenidad de un relojero suizo y desaparecen dejando el rastro que solo perciben los que entienden de esto. Raúl Albiol pertenece a esa segunda estirpe, la más escasa y, paradójicamente, la más valiosa.

Raúl Albiol, el central invisible que lo hizo todo bien

Nació en Vilamarxant, tierra de naranjos, carácter seco y trabajo bien hecho. De crío jugaba al fútbol como quien aprende a respirar: sin estridencias. Ya entonces se adivinaba el tipo de jugador que sería siempre: un hombre más preocupado por la posición que por el postureo, más atento al corte que a la cámara. Entró en la cantera del Valencia y subió peldaño a peldaño, sin atajos ni padrinos, hasta debutar en 2003, cuando aún no se había afeitado con convicción.

Y entonces la vida, que es muy suya, le puso a prueba de verdad. Camino de Madrid, rumbo a firmar con el Getafe, sufrió un accidente de tráfico que pudo costarle la vida. Le retiraron el bazo y casi el futuro. Cualquiera habría dicho que aquello se había terminado; él, en cambio, decidió que aquello solo estaba empezando. Volvió a los terrenos de juego como si nada. Mejor dicho: como si lo hubiera entendido todo.

En Getafe aprendió el oficio y regresó al Valencia convertido en central de categoría y persona de entereza. Ganó una Copa del Rey en 2008 y se consolidó en una zaga que tenía más sustos que certezas. Lo hacía fácil: anticipar, corregir, ordenar. Un jugador que hacía parecer sencilla una tarea que suele ser heroica.

Y en 2009 llamó el Real Madrid. No todos los días te ficha el club más grande del mundo. Llegó en silencio, sin grandes titulares, en aquel verano de Florentino y los fichajes de portada. Mientras todos hablaban de Cristiano, Kaká y Benzema, Albiol llegaba para poner orden en la zaga. El primer año jugó casi todo. Pepe se lesionó y Raúl cumplió sin aspavientos. Nada de gestos épicos ni gritos al cielo: solo seguridad, desplazamiento preciso, respeto por la camiseta. Cumplió siempre. Cuando tocó rotar, rotó. Cuando tocó salir, salió. Pero jamás un mal gesto, jamás una palabra fuera de tono.Albiol fue el tipo que todos los entrenadores quieren tener y todos los periodistas olvidan mencionar. Y sin embargo, sin ese tipo, los equipos grandes se rompen.

Dejó el Real Madrid con una Liga, una Copa y una Supercopa. Y se marchó a Nápoles, donde descubrió que el calcio era su hábitat natural: defensa en bloque, rigor táctico, cemento y sudor. Allí fue titular seis temporadas, capitán moral y figura respetada por toda la Serie A. No levantó Champions ni Balones de Oro, pero se ganó una cosa más difícil: el respeto unánime de rivales y compañeros.

En 2019 volvió a España, al Villarreal, para jugar sus últimos años y acabar ejerciendo de patriarca. Y vaya si lo hizo. Fue el central que sostuvo al Submarino Amarillo en su mejor etapa europea, el que levantó la Europa League de 2021 y el que se fue hasta semifinales de Champions un año después. En Múnich, ante el todopoderoso Bayern, Albiol fue nombrado Jugador del Partido. Un español de 36 años, con el DNI ya arrugado, reduciendo a cero a los bávaros en su propio estadio. Esa noche fue la venganza silenciosa de los hombres discretos.

Raúl Albiol defendiendo la camiseta de nuestro equipo. Fotografía Pinterest.com

Después de todo eso, cuando muchos hubieran colgado las botas y abierto una cuenta de Instagram con fotos de desayunos, Raúl decidió marcharse de nuevo a Italia. En 2025 fichó por el Pisa, recién ascendido a Serie A. Una elección que lo define: nada de retiro dorado en Arabia ni de “experiencia exótica” en ligas que parecen benéficas; a él le siguen interesando la táctica, la seriedad y el fútbol de verdad.

Con la selección española, formó parte de la generación irrepetible que ganó Eurocopa, Mundial y otra Eurocopa. Jugó menos minutos que otros, pero estuvo siempre ahí: convocado, comprometido, dispuesto. En el vestuario de los héroes, hacía falta un tipo como Albiol para recordar que la gloria también necesita cimientos.

Raúl Albiol nunca fue un futbolista de frases ingeniosas. No dejó titulares, dejó ejemplos. No fue viral, fue fiable. Y en un fútbol donde la sobreactuación es moneda común, eso vale oro. Nunca buscó una cámara, nunca pidió un aplauso, lo suyo fue el trabajo, el compañerismo y una nobleza que ya parece arqueológica.

Cuando los madridistas de dentro de veinte años revisen aquella plantilla de 2009, encontrarán nombres deslumbrantes y goles inmortales. Pero entre ellos verán el rostro tranquilo de Raúl Albiol, y entenderán que también en el Real Madrid hay héroes sin ruido, soldados de la causa que no necesitan que nadie les recuerde porque su ejemplo ya lo hace por ellos.

Les dejo con las estadísticas de Raúl Albiol, sacadas del libro “Veteranos y Noveles” (Geoplaneta 2023), escrito por un servidor.

NOMBRE: Raúl Albiol Tortajada.

POSICIÓN: Defensa central.

NACIMIENTO: 4 de septiembre de 1985.

LUGAR DE NACIMIENTO: Villa Marchante (Valencia) España.

NACIONALIDAD: España.

DEBUT: 7 de agosto de 2009, amistoso, Toronto-R. Madrid, 5-1.

DEBUT OFICIAL: 29 de agosto de 2009, Liga, R. Madrid-Deportivo, 3-2.

ÚLTIMO PARTIDO: 1 de junio de 2013, Liga, R. Madrid-Osasuna.

TEMPORADAS: 4

PARTIDOS OFICIALES: 116

LIGA: 80

COPA: 15

COPA DE EUROPA: 20

SUPERCOPA DE ESPAÑA:  1

VICTORIAS: 85, EMPATES: 17, DERROTAS: 14

TITULAR: 98

SUPLENTE: 18

SUSTITUDO: 5

MINUTOS: 9.320

PARTIDOS COMPLETOS: 98

PARTIDOS AMISTOSOS: 24

GOLES: 2

PRIMER GOL: 8 de diciembre de 2009, Copa de Europa, Olympique de Marsella-R. Madrid.

ÚLTIMO GOL: 8 de mayo de 2013, Liga, R. Madrid-Málaga, 6-2.

ASISTENCIAS: 1

INTERNACIONAL: 58 veces con España.

TRAYECTORIA: Valencia B, Getafe, Valencia, Real Madrid, Napoles, Villarreal.

TÍTULOS CON EL REAL MADRID:

1 Liga.

1 Copa.

1 Supercopa de España.

1 Mundial.

1 Eurocopa

Archivado en: El Club de los 100, Nuestra Historia, Nuestros Jugadores

EL CLUB DE LOS 100 | ALABA

01/10/2025 por JaviDatos JaviDatos

«Imagen. David Alaba vistiendo la camiseta de nuestro Real Madrid. Fotografía La Galerna.»

David Alaba es el perfecto ejemplo de lo que el fútbol moderno puede darte y quitarte en cuestión de pocos años. Nacido en Viena en 1992: hijo de un DJ nigeriano y de una enfermera filipina, criado entre discos de vinilo y horarios de hospital, con la música como segundo idioma familiar y con el balón como vocación primera. Su infancia fue la del chaval que apuntaba maneras en el SV Aspern y luego en el Austria Viena, hasta que el Bayern, siempre atento a la cantera centroeuropea, lo pescó en 2008 para moldearlo en esa escuela germánica que no tiene paciencia pero sí resultados. En Múnich pasó de promesa a comodín de lujo: lateral izquierdo incansable, centrocampista de emergencia, central cuando tocaba. Todo lo hacía con solvencia, con ese pie izquierdo que parecía tener escuadra y cartabón, y con la fiabilidad de quien jugaba como si tuviera treinta años siendo apenas un crío.

El Bayern lo convirtió en campeón múltiple: diez Bundesligas, copas varias, dos Champions, incluida la de 2013 y la de 2020, aquella del sextete. Fue pieza de la orquesta, y durante mucho tiempo se habló de él como uno de los defensores más completos del continente. Era rápido, inteligente, ordenado y con una zurda educada. En Austria fue un héroe precoz: internacional con diecisiete años, capitán casi desde que tuvo edad de afeitarse, con más de cien internacionalidades y convertido en símbolo multicultural de un país donde el fútbol no suele exportar estrellas.

Y entonces apareció el Real Madrid. El 2021, Ramos se marcha y el club necesita alguien que herede el dorsal 4, esa camiseta que pesa más que la propia armadura. Se ficha a Alaba gratis, procedente del Bayern, y la operación parece maestra: un líder europeo, curtido, polivalente y con experiencia, a coste cero. Se le recibe como quien abre un regalo de Navidad. En su primer partido contra ese club del que usted me habla, marca en el Camp Nou y refuerza la idea de que el relevo está bien cubierto. Campeón de Liga, campeón de Champions en 2022, con aquella famosa pancarta en la celebración en la que sostenía la silla como si fuera un tótem. Todo parecía encajar.

Pero el fútbol, siempre caprichoso, tiene maneras crueles de recordar la biología. Y en diciembre de 2023, en plena temporada, Alaba sufre lo que ningún futbolista quiere escuchar: rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda. Fin de curso inmediato, operación, rehabilitación. Trece meses fuera, más de un año desaparecido de los estadios, ausente en la Eurocopa 2024 en la que Austria brilló sin su capitán. El papel que le quedó fue simbólico: capitán no jugador, líder desde la grada, un gesto de respeto que encierra también la tragedia de quien ya no puede estar en el césped.

Regresó en enero de 2025, sonriente, agradecido, hablando de segundas oportunidades. Pero el fútbol ya no era el mismo. En el Real Madrid, Rüdiger se había convertido en patrón de la zaga, Militao recuperaba su sitio, Nacho siempre estaba disponible, e incluso chavales con hambre ocupaban espacios que antes parecían intocables. Alaba pasó de ser pilar a convertirse en una pieza secundaria, en la quinta opción de una defensa que no podía esperar trece meses para darle tiempo a sanar. Y cuando parecía que podía recuperar continuidad, nuevas molestias musculares, otra lesión en el sóleo, más partes médicos y otra vez la sensación de que su cuerpo se ha rebelado contra él.

Fuera del campo, Alaba sigue siendo el mismo chico de siempre: alegre, sonriente, cercano. La música continúa en su vida: toca piano y guitarra, produce, acompaña a su hermana Rose May en sus proyectos musicales. Su padre sigue siendo figura cultural en Austria y la familia conserva esa identidad múltiple, con raíces africanas, asiáticas y centroeuropeas. Humanamente es un tipo ejemplar: no se le conocen escándalos, ni salidas de tono, ni portadas de tabloide. Es respetado en el vestuario, querido por compañeros, buen líder cuando toca, con carácter afable y cosmopolita.

Alaba posando con la Supercopa de España. Fotografía de su Twitter.

El valor de David Alaba en el Real Madrid va mucho más allá de los números. El club no solo gana con sus defensas férreas, también con figuras que aportan liderazgo, experiencia y un espíritu ganador forjado en la élite. Alaba es precisamente eso: un referente moral, un futbolista con un currículo envidiable y un palmarés impresionante, que además transmite serenidad y confianza en el vestuario. Desde su llegada, ha sido un fichaje valioso, que aportó títulos y dejó momentos memorables, y cuya presencia sigue siendo un activo importante para el equipo, tanto dentro como fuera del campo.

La historia de David Alaba aún tiene capítulos por escribir. El fútbol, tan exigente, también es generoso con quienes perseveran, y Alaba tiene todo para firmar una gran redención: basta con que encadene partidos a buen nivel, que vuelva a brillar en una noche grande o que haga valer su zurda en una falta decisiva para que el relato cambie de inmediato. Su experiencia y talento son garantía de que todavía puede regalar momentos importantes, y en un club como el Real Madrid esas segundas oportunidades suelen convertirse en gestas inolvidables.

A día de hoy, David Alaba representa mucho más que un jugador: es un símbolo de lucha constante, un veterano de enorme prestigio que aporta serenidad y carácter, un futbolista con una trayectoria de leyenda en el Bayern y con páginas valiosas escritas ya en Chamartín. Humanamente es ejemplar, con una riqueza multicultural y personal que le da un carisma especial y muy respetado dentro y fuera del vestuario. Deportivamente, sigue siendo una pieza con potencial de marcar diferencias, y en un club que vive de noches mágicas, lo que hoy se presenta como reto puede convertirse mañana en oportunidad de gloria.

Los datos de David Alaba, extraídos de la obra “Veteranos y Noveles” (Geoplaneta 2023), escrita por un servidor y actualizadas a 28 de septiembre de 2025 son:

NOMBRE: David Olatukunbo Alaba.

POSICIÓN: Defensa central.

NACIMIENTO: 24 de junio de 1992.

LUGAR DE NACIMIENTO: Viena (Austria).

NACIONALIDAD: Austria/Nigeria/Filipinas.

DEBUT: 8 de agosto de 2021, amistoso, Milan-R. Madrid, 0-0.

DEBUT OFICIAL: 14 de agosto de 2021, Liga, Alavés-R. Madrid, 1-4.

ÚLTIMO PARTIDO: 23 se septiembre de 2025, Liga, Levante-R. Madrid, 1-4

TEMPORADAS: 5

PARTIDOS OFICIALES: 119

LIGA: 76

COPA DE ESPAÑA: 7

SUPERCOPA DE ESPAÑA: 1

COPA DE EUROPA: 32

SUPERCOPA DE EUROPA: 1

MUNDIAL DE CLUBES: 2

VICTORIAS: 86, EMPATES: 14, DERROTAS: 19

TITULAR: 106

SUPLENTE: 13

SUSTITUDO: 24

MINUTOS: 9.200

PARTIDOS COMPLETOS: 82

PARTIDOS AMISTOSOS: 9

GOLES: 5

PRIMER GOL: 24 de octubre de 2021, Liga, Barcelona-R. Madrid, 1-2.

ÚLTIMO GOL: 14 de agosto de 2022, Liga, Almería-R. Madrid, 1-2.

ASISTENCIAS: 9

INTERNACIONAL: 109 veces con Austria.

TRAYECTORIA: Austra Viena, Bayern Munich, Hoffenheim, Bayern Munich, Real Madrid.

TÍTULOS CON EL REAL MADRID:

2 Ligas.

1 Copa.

2 Supercopas de España.

2 Copas de Europa.

2 Supercopas de Europa.

2 Mundial de Clubes.

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EL CLUB DE LOS 100 | AGUSTÍN

23/09/2025 por JaviDatos JaviDatos

«Imagen. Agustín Rodríguez Santiago. Fotografía Historias Madridistas Blog.spot.com»

Hay porteros que se hacen eternos en un instante —una estirada, una tanda de penaltis, un milagro televisado— y hay otros cuya grandeza reside en la discreción, en estar siempre preparados aunque la cámara no los quiera. Agustín Rodríguez Santiago, nacido en Marín en 1959 y criado en Vigo, pertenece a este segundo linaje: el del guardián invisible que sostiene al gigante sin exigir su cuota de luz.

La historia empieza en Galicia, donde el pequeño Agustín creció entre ocho hermanos en una casa en la que el balón no era religión. Su padre prefería la caza y la pesca; su madre, la vida de familia. Y sin embargo, la sangre ya traía un destino: dos tíos porteros, José “Sansón” Santiago Pereira y Carlos Santiago Pereira, este último guardameta del Valencia y del Atlético, habían abierto una senda entre guantes. Él, que de niño soñaba con jugar de delantero, acabó bajo palos casi por accidente, como tantos porteros que empezaron porque “faltaba uno”.

El Real Madrid lo reclutó a los quince años y allí fue escalando categorías: Infantil, Juvenil, Amateur y Castilla. Con el filial vivió la epopeya de la final de Copa del Rey de 1980, ese fenómeno irrepetible en el que el Castilla se plantó en la final contra el primer equipo. Aquel 6-1 a favor del Madrid mayor fue una goleada con honores: “Sabíamos que íbamos a perder, pero aquello era histórico. Fue la primera vez que me vi en un escenario así y pensé: este es mi sitio”, recordaría años después.

Su debut oficial con el primer equipo llegó en abril de 1981 contra el Salamanca, cuando Mariano García Remón se lesionó. Fue la típica oportunidad que aparece de golpe y que, si fallas, te sepulta para siempre. Agustín respondió con la serenidad que lo caracterizó. Dos años más tarde, la temporada 1982-83 lo convirtió en protagonista: fue titular indiscutible, completó una campaña soberbia y se llevó el Trofeo Zamora al portero menos goleado de la Liga. “El portero del Real Madrid que menos goles encajó en España. Y, sin embargo, la gente parece olvidarlo”, diría él mismo con una mezcla de orgullo y resignación.

Agustín durante un partido frente al Inter. Fotografía Historias del Real Madrid Blogspot.com

Pero la portería del Madrid siempre fue un coliseo romano. En los ochenta convivió con Miguel Ángel, García Remón, Ochotorena y más tarde con Buyo. En cualquier otro club habría sido dueño y señor de la portería; en Chamartín, la alternancia era la ley. “Ser portero suplente en el Madrid es lo más difícil que hay: tienes que estar siempre preparado y, cuando sales, no puedes fallar. Si fallas, desapareces”. No lo decía con amargura, sino con la sobriedad de quien entiende su oficio.

En 1986 defendió la portería en la final de la Copa de la UEFA ante el Colonia. Fue también internacional olímpico en Moscú 1980, aunque nunca llegó a debutar en partido oficial con la absoluta.

En 1990, tras una década en Chamartín, aceptó el reto del Tenerife. Allí se encontró con otra vida: el clima, la afición, la oportunidad de jugar más. Hubo lesiones, partidos grises y también noches de gloria. Formó parte de la plantilla que consiguió el primer billete europeo del club, el famoso “EuroTenerife”. En 1994 se retiró, con 131 partidos en Primera y un palmarés más que respetable.

Agustín era un portero sobrio, de grandes reflejos y dominio aéreo gracias a su 1,92 de estatura. No necesitaba la estética de los vuelos imposibles: paraba porque era su obligación, no porque hubiera cámaras. Quizá por eso la memoria blanca lo recuerda menos que a otros.

En lo personal, fue un hombre discreto. Se casó por lo civil en una época en la que aquello levantaba cejas y, cuando colgó los guantes, rehuyó la nostalgia impostada. Se dedicó un tiempo a entrenar porteros en Tenerife, trabajó como comentarista en Telemadrid y hasta se dejó tentar por la vida institucional del club, apoyando a Arturo Baldasano en las elecciones de 2006. Pero nunca hizo de su carrera una cruzada. Prefirió la normalidad, esa palabra tan rara en el fútbol.

Hoy, Agustín vive alejado de los focos. No necesita recordar cada semana que fue portero del Real Madrid: lo fue, y con honores. Fue el Zamora, fue campeón de Europa, fue protagonista en noches que aún laten en el Bernabéu. Pero sobre todo fue un profesional paciente, sólido, un portero de mármol. Y sin mármol, ya se sabe, no hay templo.

Sus datos en el Real Madrid, sacados del libro “Veteranos y Noveles” (Geoplaneta 2023), de un servidor de ustedes, son los siguientes:

 

NOMBRE: Agustín Rodríguez Santiago.

POSICIÓN: Portero.

NACIMIENTO: 10 de septiembre de 1959.

LUGAR DE NACIMIENTO: Marín (Pontevedra) España.

NACIONALIDAD: España.

DEBUT: 20 de junio de 1980. Amistoso, Colombia-R. Madrid, 0-0.

DEBUT OFICIAL: 4 de abril de 1981, Liga, Salamanca-R. Madrid, 1-3.

ÚLTIMO PARTIDO OFICIAL: 25 de abril de 1990, Liga, Osasuna-R. Madrid, 0-2,

ÚLTIMO PARTIDO: 23 de mayo de 1990, Copa de las Naciones, R. Madrid-Selección CONCACAF, 2-0

TEMPORADAS: 11

PARTIDOS OFICIALES: 123

LIGA: 76

COPA: 20

SUPERCOPA DE ESPAÑA: 2

COPA DE LA LIGA: 4

COPA DE EUROPA: 5

RECOPA: 8

COPA DE LA UEFA: 8

VICTORIAS: 72, EMPATES: 27, DERROTAS: 24

TITULAR: 118

SUPLENTE: 6

SUSTITUDO: 3

MINUTOS: 10.715

PARTIDOS COMPLETOS: 115

PARTIDOS AMISTOSOS: 48

GOLES ENCAJADOS: 125

PARTIDOS IMBATIDO: 45

INTERNACIONAL: No.

TRAYECTORIA: Categorías inferiores del Real Madrid, Castilla, Real Madrid, Tenerife.

TÍTULOS CON EL REAL MADRID:

5 Ligas.

2 Copas.

2 Supercopas de España.

1 Copa de la Liga.

2 Copas de la UEFA.

1 Trofeo Zamora.

Archivado en: Nuestra Historia, Nuestros Jugadores

EL CLUB DE LOS 100 | Aguilar

17/09/2025 por JaviDatos JaviDatos

«Imagen. Francisco Javier Aguilar García. Fotografía Realmadrid.com»

Queridos socios y amigos de La Gran Familia. Vuelvo a las páginas del blog con una sección nueva, agradeciendo a la directiva la oportunidad que me da para poder divulgar madridismo entre todos vosotros. Comienzo una nueva serie, en la que voy a desgranar la vida y milagros de todos los jugadores que han disputado, al menos, 100 partidos oficiales con la elástica limpia y blanca que no empaña. Se darán datos, cómo no, muchos, claro, conociendo al “personaje”, pero quiero dejar, además de la estadística pura y dura, la cara humana de cada jugador. Quiero dejar, a través de estas páginas, un recuerdo y un homenaje hacia aquellos hombres que, de forma más reiterada, nos han hecho a todos un poco más felices por vestir la camiseta de nuestro equipo del alma.

La metodología es fácil. El orden de aparición será el alfabético. Comenzaremos por Aguilar y finalizaremos con Zunzunegui. Si en algún momento, algún jugador de la actual plantilla llega a los 100 encuentros oficiales, bien se intercalará en la letra correspondiente y, si ésta ya ha pasado, se hará un especial inmediatamente después de cumplir la cifra mágica.

Espero que os gusten las entregas y que, entre todos, aprendamos algo más de nuestro equipo.

¡Hala Madrid!

Ico Aguilar rematando a puerta durante un partido en el Bernabéu. Fotografía elpaís.com

Francisco Javier “Ico” Aguilar: el extremo que llegaba con el aire del Cantábrico

El fútbol de antes olía a salitre y barro. Había extremos que parecían formados entre la arena húmeda de las playas y los vendavales del norte, con la melena enredada y las botas llenas de cicatrices. Uno de ellos fue Francisco Javier Aguilar García, “Ico” para la historia. Nació en Santander en 1949, estudió en los Escolapios, practicó balonmano antes de entregarse al balón y creció en un entorno familiar serio, acomodado, con un padre abogado que le exigía disciplina y libros además de goles. Fue Laureano Ruiz quien vio en aquel chaval algo más que zancada: vio un futbolista.

Con el Racing de Santander escribió sus primeras páginas de historia. No hablamos de fuegos artificiales, sino de goles con valor simbólico: uno que devolvió al Racing a Segunda División en 1970, otro que entró en los archivos como el número 2000 del club cántabro. Son detalles que cuentan más que cien regates en un amistoso: cuando un gol se recuerda por décadas, es porque tiene peso en la memoria colectiva.

El verano de 1971 le cambió la vida. El Real Madrid, herido tras el adiós de Amancio y Gento, necesitaba savia nueva y fichó a tres norteños de una tacada: Santillana, Pedro Corral e Ico Aguilar. Adivinen quién acaparó portadas y quién acabó en letra pequeña. Exacto: la historia suele olvidarse de los obreros del fútbol, de los que no se tatúan su propio nombre en el antebrazo. Ico no fue la estrella mediática, pero fue el compañero perfecto: veloz, elegante, con regate y un centro medido al milímetro. Fue ese futbolista de fiar que hace brillar al delantero centro. Santillana, eterno goleador, supo cuánto debía a aquellos balones llegados desde la derecha con la precisión de un reloj suizo que se había criado en el Cantábrico.

En ocho años de blanco, Ico jugó casi doscientos partidos, marcó alrededor de medio centenar de goles y levantó cinco Ligas y dos Copas del Generalísimo. No estaba en todas las portadas, pero sí en todas las celebraciones. Su papel fue ingrato: el del actor secundario que hace que la película funcione, aunque el foco lo ilumine siempre otro rostro.

La selección española lo convocó tres veces. Poco, demasiado poco para lo que ofrecía su fútbol. Debutó en Granada en 1971, contra Chipre, en un 7-0 que hoy sería carne de GIFs y debates televisivos. Marcó un gol, jugó con descaro y pareció anunciar una carrera internacional larga. No fue así: España era entonces un avispero político, deportivo y federativo, y muchos jugadores se quedaron por el camino. Entre ellos, Ico.

Tras dejar Chamartín, pasó por el Sporting de Gijón y el Rayo Vallecano, hasta retirarse en 1983. Allí donde estuvo, dejó su sello de extremo clásico: encarar, centrar, levantar la cabeza. Hoy, que nos venden como revolucionario al “falso nueve”, parece ciencia ficción que antes existiera el “verdadero extremo”, un tipo que corría la banda y servía el gol en bandeja. Blanco y en botella.

Colgadas las botas, probó en los banquillos —dirigió al Alcalá y al Logroñés—, sin lograr la repercusión que tuvo como jugador. En 2007 recibió la Insignia de Oro del Racing, junto a Santillana y Corral, cerrando el círculo con el club que lo había visto nacer. Fue un homenaje sincero: el Racing no olvida a sus hijos.

Pero Ico era más que fútbol. Estaba casado con Eva, tenía dos hijos, Daniel y Virginia, y nietos que lo rodeaban en sus últimos años, entre ellos Belén y Rodrigo. Dicen que era un hombre elegante, discreto, pero con sentido del humor y opiniones firmes. No tenía miedo de decir lo que pensaba, incluso aunque incomodara. En el hospital, enfermo de cáncer, pidió que le pusieran los himnos del Racing y del Real Madrid. Quería irse acompañado de la música de sus dos casas. Y así lo hizo, el 11 de mayo de 2020, en Madrid, a los 71 años.

Sus detractores lo tacharon de frío; sus amigos lo recordaron como dicharachero, directo, gracioso. Quizá fue ambas cosas: reservado hacia fuera, cálido hacia dentro. Un jugador con clase y un hombre con arraigo.

Con su muerte se fue un pedazo del fútbol sencillo, el que no necesitaba algoritmos ni redes sociales para brillar. Ico no presumió de estadísticas avanzadas ni de “expected goals”: le bastaba con correr, mirar al área y poner la pelota en el sitio exacto. Así de fácil, así de difícil.

La memoria de Francisco Javier “Ico” Aguilar es la de un futbolista eficaz y un hombre digno. Un tipo que llevó siempre el aire del Cantábrico en las botas y la serenidad en el gesto. Ni tatuajes, ni selfies, ni marketing. Solo fútbol. Y eso, en tiempos como estos, es casi revolucionario.

Aguilar con la segunda equipación del equipo durante un encuentro del equipo en los años 70. Fotografía Facebook Fútbol de los 70.

La ficha de sus datos en el Real Madrid, extraídos de la obra “Veteranos y Noveles” (Geoplaneta 2023) de un servidor de ustedes, son los siguientes:

 

NOMBRE: Francisco Javier Aguilar García.

POSICIÓN: Extremo derecho.

NACIMIENTO: 26 de marzo de 1949.

LUGAR DE NACIMIENTO: Santander (Cantabria) España.

FALLECIMIENTO: 11 de mayo de 2020.

NACIONALIDAD: España.

DEBUT: 15 de agosto de 1971, amistoso, R. Madrid-Red Stars París, 3-0.

DEBUT OFICIAL: 5 de septiembre de 1971, Liga, R. Madrid-Betis, 2-0.

ÚLTIMO PARTIDO: 30 de junio de 1979, Copa (final), R. Madrid-Valencia, 0-2.

TEMPORADAS: 8

PARTIDOS OFICIALES: 190

LIGA: 144

COPA: 28

COPA DE EUROPA: 8

RECOPA: 4

COPA DE LA UEFA: 6

VICTORIAS: 96, EMPATES: 51, DERROTAS: 43

TITULAR: 147

SUPLENTE: 43

SUSTITUDO: 31

MINUTOS: 13.402

PARTIDOS COMPLETOS: 116

PARTIDOS AMISTOSOS: 61

GOLES: 50

PRIMER GOL: 5 de septiembre de 1971, Liga, R. Madrid-Betis, 2-0.

ÚLTIMO GOL: 24 de junio de 1979, Copa, R. Madrid-Sevilla, 2-1.

DOBLETES: 5

ASISTENCIAS: 32

INTERNACIONAL: 3 veces con España.

TRAYECTORIA: Racing de Santander, Real Madrid, Sporting de Gijón, Rayo Vallecano.

TÍTULOS CON EL REAL MADRID:

5 Ligas.

2 Copas.

 

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