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El Club de los 100

EL CLUB DE LOS 100 | ALSÚA I

29/10/2025 por JaviDatos JaviDatos

«Imagen. Antonio Alsúa Alonso, jugador del Real Madrid. Fotografía X jugadores del Real Madrid 1.»

En la historia del Real Madrid hay héroes visibles y héroes de andamio. Los primeros aparecen en los carteles, en las portadas, en las figuritas del álbum; los segundos, en cambio, se quedaron en el cemento del estadio, en la lealtad del escudo y en las cifras que nadie recita pero que lo sostienen todo. Antonio Alsúa Alonso, más conocido como Alsúa I, pertenece a esa aristocracia obrera de los cimientos. Un hombre nacido en Irún en 1919, en una España que olía a carbón, humedad y posguerra, y que acabaría siendo uno de los futbolistas que dieron forma al Real Madrid moderno antes de que llegaran las trompetas de la gloria.

ALSÚA I: EL MEDIOCENTRO QUE SOSTUVO AL MADRID CUANDO SOLO LO SOSTENÍA EL ORGULLO

 Su ficha, leída con frialdad, podría parecer discreta: mediocampista, 177 partidos oficiales con el Real Madrid, 46 goles, dos Copas de España y una Eva Duarte. Pero quien mire esas cifras sin contexto no entenderá nada. Porque cuando Alsúa I vistió la camiseta blanca, el club todavía no tenía ni las vitrinas relucientes ni la hegemonía continental que lo harían inmortal. Lo que tenía eran hombres —no figuras— que jugaban por algo más que una nómina. Y Alsúa I era de esos que no necesitaban el brillo para parecer grandes. Le bastaba el balón, una zancada elegante y una puntería poco común para un centrocampista.

Nació futbolísticamente en el Real Unión de Irún, aquel club casi romántico que había sido campeón de España en los años veinte. Desde allí lo fichó el Real Madrid en 1941, cuando España aún contaba los escombros de la guerra y Chamartín era más una aspiración que un estadio. Con 22 años, Alsúa aterrizó en un equipo que luchaba contra todo: la precariedad, la irregularidad y el peso de reconstruirse sin más gasolina que la dignidad. Pero ahí estaba él, incansable, disciplinado, con ese aire de futbolista que no presume pero manda.

Durante ocho temporadas defendió el blanco con una constancia admirable. En una época sin televisión, sin titulares estridentes, sin agentes ni redes sociales, Alsúa I se limitó a jugar bien. Era un centrocampista de los que entienden el juego como una sinfonía: equilibrio, pausa, inteligencia. Tenía, además, un instinto para el gol que habría hecho fortuna en tiempos modernos. Cuarenta y seis dianas no son poca cosa para quien no vivía pegado al área. De hecho, un 2 de febrero de 1947, en un partido de Liga contra el Castellón, se permitió un exceso impropio de su modestia: cinco goles en un solo encuentro. Cinco. En una época en la que el balón pesaba como un ladrillo y los defensas te dejaban el tobillo de recuerdo.

En el vestuario se le conocía como Alsúa I porque su hermano, Rafael, también llegó a la élite como delantero. Rafael fue el talento más mediático; Antonio, la estructura. Uno hacía ruido; el otro, historia. Cuando el Real Madrid ganó las Copas del 46 y del 47, Antonio estaba allí, sosteniendo el medio campo con la naturalidad de quien no necesita un titular para sentirse imprescindible. Después se marchó al Gimnàstic, al Lérida y al Alavés, donde incluso ejerció de jugador-entrenador. Fue una carrera coherente, digna, como las de antes: sin histeria, sin agentes italianos, sin comunicados en redes.

Dicen que murió en Irún en 1998, casi en silencio, como vivió. Pero su nombre sigue colgado en la web oficial del club, en la sección de “Leyendas”. Y no por nostalgia institucional, sino porque sin tipos como Alsúa I el Real Madrid jamás habría llegado a ser lo que es. Los grandes títulos europeos, las Copas de Europa, los Balones de Oro… todo eso se construyó sobre los pies anónimos de hombres que jugaron cuando lo único que se ganaba era respeto.

Alsúa I en un cromo de la época. Fotografía todocolección.com

Alsúa I pertenece a esa generación que sostuvo al Real Madrid cuando solo lo sostenía el orgullo. No hubo focos, ni alfombra roja, ni himno de la Champions; solo un campo embarrado y una camiseta que significaba algo. En cada partido, Alsúa I representaba la parte del Real Madrid que no se ve, la que no presume, la que trabaja. Y tal vez por eso su memoria es importante: porque en tiempos de mercenarios, recordar a quienes fueron fieles sin promesa de gloria es casi un acto de justicia.

Hoy, en los resúmenes del club, su foto aparece en blanco y negro: gesto sereno, mirada firme, la raya bien peinada. No hay arrogancia ahí, sino temple. El mismo temple que necesitaría el Real Madrid para sobrevivir a los años más duros de su historia. Por eso, cuando uno repasa los nombres que de verdad construyeron esta leyenda —Bernabéu, Molowny, Zárraga, Pahíño… y sí, Alsúa I— entiende que los cimientos del madridismo no son los trofeos, sino los hombres que creyeron antes de que hubiera motivos para creer.

Y si algún día vuelves a ver aquella foto antigua —Alsúa I mirando al horizonte con la camiseta blanca sin publicidad, sin firma ni contrato millonario— recuerda que en ese gesto serio y disciplinado se escondía la semilla del Real Madrid eterno. El club que jamás se rinde empezó con tipos así: silenciosos, leales, inmensos en su modestia. Antonio Alsúa Alonso. El mediocentro que sostuvo al Madrid cuando solo lo sostenía el orgullo.

Como siempre suelo decir: Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

Sus datos en el Real Madrid, extraídos de la obra “Veteranos y Noveles” (Geoplaneta 2023) escrita por un servidor de ustedes, son:

 

NOMBRE: Antonio Alsúa Alonso.

POSICIÓN: Centrocampista.

NACIMIENTO: 25 de octubre de 1919.

LUGAR DE NACIMIENTO: Irún (Guipúzcoa) España.

FALLECIMIENTO: 3 de abril de 1998.

NACIONALIDAD: España.

DEBUT: 23 de marzo de 1941, amistoso, R. Madrid-Sevilla, 2-3.

DEBUT OFICIAL: 11 de mayo de 1941, Copa, R. Madrid-Celta, 2-2.

ÚLTIMO PARTIDO: 13 de junio de 1948, Copa Eva Duarte (final), R. Madrid-Valencia, 3-1.

TEMPORADAS: 8

PARTIDOS OFICIALES: 177

LIGA: 132

COPA: 42

COPA EVA DUARTE: 1

COPA PRESIDENTE: 2

VICTORIAS: 92, EMPATES: 31, DERROTAS: 54

TITULAR: 177

SUPLENTE: 0

SUSTITUDO: 0

MINUTOS: 15.725

PARTIDOS COMPLETOS: 176

PARTIDOS AMISTOSOS: 48

GOLES: 46

PRIMER GOL: 11 de mayo de 1941, Copa, R. Madrid-Celta, 2-2.

ÚLTIMO GOL: 18 de abril de 1948, Copa, R. Madrid-Córdoba, 1-0.

REPÓKER: 1,

DOBLETES: 4

ASISTENCIAS: 57

INTERNACIONAL: No.

TRAYECTORIA: Real Unión de Irún, Real Madrid, Gimnástic de Tarragona, Lleida, Alavés.

TÍTULOS CON EL REAL MADRID:

2 Copas.

1 Copa Eva Duarte.

 

Archivado en: El Club de los 100, Nuestra Historia, Nuestros Jugadores

EL CLUB DE LOS 100 | ALKORTA

23/10/2025 por JaviDatos JaviDatos

«Imagen. Rafa Alkorta. Fotografía HisotriasdelReal Madrid.com»

Hubo un tiempo en que los defensas centrales no necesitaban tatuajes, ni peinados patrocinados, ni cuentas verificadas. Les bastaba con una mirada. Una de esas miradas que hacían retroceder al delantero antes de que sonara el silbato. Rafa Alkorta era de esa especie. Su gesto era más el de un profesor serio que el de un gladiador, pero debajo de esa serenidad había acero. Acero vasco, por supuesto.

Rafa Alkorta: el caballero que vino del hierro

Nacido en Bilbao en 1968, formado en Lezama, Alkorta encarnó la quintaesencia del jugador del Athletic: compromiso, nobleza y una cierta solemnidad que, en Euskadi, se confunde con timidez. Su debut en Primera llegó en 1987, aún en pantalones largos de chaval, cuando los estadios olían a puro y bocadillo de tortilla. Muy pronto se ganó un lugar en la defensa rojiblanca, primero por obediencia táctica y después por jerarquía natural. El Athletic tenía esa virtud: te hacía hombre antes de que aprendieras a fingir.

A principios de los noventa, el Real Madrid buscaba equilibrio. Había talento a raudales, pero faltaba una pieza fiable atrás. Entonces miraron al norte y vieron en Alkorta al central perfecto: sobrio, serio y sin miedo a llevarle la contraria al delantero más valiente. Llegó al Bernabéu en 1993, y con él, un pedazo de la dignidad del fútbol vasco.

Allí encontró a Fernando Hierro, y entre ambos construyeron una sociedad defensiva que rozó la perfección. Uno era el trueno; el otro, la muralla. Hierro pegaba el grito, Alkorta corregía la línea. Hierro jugaba con fuego, Alkorta con brújula. Se entendían sin hablar, como las buenas parejas de baile. Durante años fueron la garantía de que, pasara lo que pasara arriba, atrás no se regalaba ni un metro.

Aquel Madrid de Valdano y luego de Capello vivía en una permanente contradicción: querían jugar bonito y ganar feo, o viceversa. En medio de ese ruido, Alkorta se convirtió en un oasis de sensatez. Nunca buscó la cámara, ni la frase ingeniosa. Cuando el Real Madrid ganaba, sonreía en silencio. Cuando perdía, salía a dar la cara. En eso también era diferente.

Rafa Alkorta jugando con la camiseta del Real Madrid. Fotografía Podium Podcast

Ganó dos Ligas y una Supercopa de España con el Real Madrid. No fue el más brillante ni el más mediático, pero pocos fueron más fiables. Su estilo era una mezcla de orden prusiano y ética bilbaína: no hacer el ridículo y no dejar que lo hicieran los demás. Mientras algunos compañeros competían por salir en la portada de Don Balón, Alkorta aspiraba a no salir en la foto del gol. Y eso, en un central, es síntoma de excelencia.

Pero el corazón, como el fútbol, tiene sus propios planes. En 1997 regresó al Athletic. No porque le faltasen ofertas ni minutos, sino porque hay amores que no se apagan ni con dos Ligas en el bolsillo. En Bilbao lo recibieron como se recibe a un hijo pródigo que vuelve con las manos limpias. Allí volvió a ser capitán, referencia y ejemplo de fidelidad. Esa temporada el Athletic quedó subcampeón y entró en la Champions. Alkorta lo celebró como si hubiera ganado el título.

En Alkorta, la identidad siempre pesó más que la vanidad. Y quizá por eso, en un club como el Real Madrid, que mide la historia en trofeos, su legado no se cuenta por copas, sino por respeto.

Su carrera internacional fue igual de sólida: 54 partidos con España, tres Mundiales (1990, 1994, 1998) y una Eurocopa. Jugó contra Maradona, Baggio, Klinsmann, Zidane… y ninguno le tomó el pelo. A veces le superaban, sí, pero nunca le humillaban. Porque si algo tenía Alkorta, además de oficio, era dignidad. Y eso no se entrena.

Cuando colgó las botas, no se disfrazó de entrenador iluminado ni de tertuliano gritón. Fue segundo de Míchel en el Olympiacos y en el Marsella, porque la lealtad también se practica en los banquillos. Luego volvió otra vez a casa, cómo no, como director deportivo del Athletic. Allí intentó modernizar la estructura sin renunciar a la esencia: cantera, esfuerzo, pertenencia. La cuadratura del círculo bilbaíno.

En lo personal, su vida ha sido tranquila, familiar, sin escándalos. Casado con Judith Atienza, padre de Iker y Anne, ha sabido mantenerse lejos del ruido. No vende cremas ni suplementos; no hace documentales sobre su infancia; no aparece en programas de tertulias afiladas y contradictorias que rozan el esperpento. Es un hombre de otra época, una época en la que el silencio todavía era una virtud.

A veces uno piensa que Alkorta habría encajado mejor en los años setenta, junto a los Benito, Pirri o Camacho, cuando los defensas eran tipos que se jugaban la pierna por el compañero. Pero tuvo la mala suerte (o la bendita) de nacer en una generación de transición: la que separó el fútbol obrero del fútbol escaparate. Y aun así, resistió sin travestirse.

El tiempo le ha dado la razón. Hoy, cuando uno ve centrales que se hacen selfies tras perder o que protestan al VAR mientras el rival marca, se echa de menos a tipos como él. Jugadores que sabían que la elegancia no está en el peinado, sino en llegar a tiempo al corte.

Rafa Alkorta fue un futbolista decente en una era que empezaba a perder la decencia. Y eso, en perspectiva, es mucho más grande de lo que parece. El fútbol de hoy le debe respeto a hombres así, los que no hicieron ruido pero sostuvieron el edificio. Los que no salían en los memes, sino en las fotos de grupo.

Quizá nunca gane un premio a la trayectoria, ni falte quien le recuerde con ese paternalismo de los que confunden discreción con falta de carisma. Pero el que haya visto un solo partido suyo sabrá que el fútbol también se juega desde el pudor. Que a veces el mejor gesto de un defensa es no tener ninguno.

Rafa Alkorta fue, y sigue siendo, un caballero del fútbol. Uno de los últimos. De los que despejaban con la cabeza y pensaban con el corazón.

Los números de Rara Alkorta en el Real Madrid, extraídos de la obra Veteranos y Noveles (Geoplaneta 2023) y escrita por un servidor son los siguientes:

NOMBRE: Rafael Alkorta Martínez.

POSICIÓN: Defensa central.

NACIMIENTO: 16 de septiembre de 1968.

LUGAR DE NACIMIENTO: Bilbao (Vizcaya) España.

NACIONALIDAD: España.

DEBUT: 6 de agosto de 1993, Trofeo Castilla-La Mancha, Albacete-R. Madrid, 0-1.

DEBUT OFICIAL: 4 de septiembre de 1993, Liga, Osasuna-R. Madrid, 1-4.

ÚLTIMO PARTIDO OFICIAL: 14 de junio de 1997, Liga, R. Madrid-At. Madrid, 3-1.

ÚLTIMO PARTIDO: 17 de junio de 1997, amistoso, R. Madrid-Mérida, 0-0.

TEMPORADAS: 4

PARTIDOS OFICIALES: 136

LIGA: 107

COPA: 10

SUPERCOPA DE ESPAÑA: 3

COPA DE EUROPA: 5

RECOPA: 5

COPA DE LA UEFA: 5

COPA IBERIA: 1

VICTORIAS: 73, EMPATES: 30, DERROTAS: 33

TITULAR: 127

SUPLENTE: 9

SUSTITUDO: 2

MINUTOS: 11.597

PARTIDOS COMPLETOS: 125

PARTIDOS AMISTOSOS: 42

GOLES: 3

PRIMER GOL: 4 de octubre de 1995, liga, Valencia-R. Madrid, 4-3.

ÚLTIMO GOL: 2 de diciembre de 1995, liga, R. Madrid-Sevilla, 4-1.

ASISTENCIAS: 1

INTERNACIONAL: 54 veces con España.

TRAYECTORIA: Categorías inferiores del Athletic Club, Bilbao Ath., Athletic Club, Real Madrid, Athletic Club.

TÍTULOS CON EL REAL MADRID:

2 Ligas.

1 Supercopa de España.

 

Archivado en: El Club de los 100, Nuestra Historia, Nuestros Jugadores

EL CLUB DE LOS 100 | ALFONSO

19/10/2025 por JaviDatos JaviDatos

Alfonso Pérez Muñoz nació el 26 de septiembre de 1972 en Getafe, cuando Getafe aún olía a fábrica y a barrio sin pretensiones. No imaginaba nadie que aquel chaval rubio, con pinta de buen hijo y tobillos de bailarín, acabaría dando nombre al estadio de su ciudad, aunque con una ironía que el tiempo convirtió en sainete: el campo del Getafe se llama Coliseum Alfonso Pérez, pero Alfonso nunca jugó en el Getafe. Lo de España y sus homenajes tiene siempre un aire de realismo mágico con resaca.

Alfonso Pérez Muñoz: el príncipe del área y la melancolía

Se formó en La Fábrica del Real Madrid, donde entró siendo casi un niño. En 1990, con 18 años, debutó con el primer equipo de la mano de Alfredo Di Stéfano. Eran los años de la transición del Madrid de la Quinta del Buitre hacia una generación más difusa. Alfonso se movía entre el filial y las esperanzas, con esa mezcla de clase y fragilidad que lo acompañaría siempre.

Jugó 119 partidos oficiales con el Real Madrid entre 1990 y 1995 y dejó destellos de delantero de culto: movilidad elegante, remate limpio y un aire de chico de barrio que jugaba al fútbol con zapatos buenos.

En 1995 el Real Madrid lo cedió al Real Betis Balompié, y allí encontró su jardín. En el Villamarín, entre el verde intenso y la nostalgia eterna del beticismo, Alfonso se convirtió en ídolo. Llevó al Betis a una final de Copa (1997) y fue Pichichi nacional de la Liga. Jugaba con ese aire de poeta del gol: no corría, flotaba; no chutaba, acariciaba el balón con violencia.

Su éxito fue tal que, en 2000, el FC Barcelona lo fichó. Alfonso no era del perfil que el Camp Nou idolatra. Su madridismo de base, su acento castizo y su honestidad lo hacían incompatible con el catecismo culé. Su paso se recuerda como un malentendido estético. Lo suyo era el Betis, no el boato.

Alfonso en acción durante un partido frente al Barcelona. Fotografía As.com

Volvió al Betis en 2002, cerrando el círculo con elegancia. En total, entre las dos etapas, sumó 59 goles en 189 partidos. Luego pasó por el Olympique de Marsella, una aventura breve y casi exótica, antes de retirarse en 2005.

Con España, Alfonso tuvo un idilio extraño pero luminoso. 38 internacionalidades y 11 goles, con momentos para el recuerdo:
– Su gol salvador ante Yugoslavia en la Eurocopa 2000 (aquel 4-3 demencial que revivió a España).
– Su diana en la fase final de la Euro 96.
– Y aquella imagen de niño grande celebrando con los brazos abiertos, mezcla de incredulidad y gozo.

Era el delantero de las ocasiones grandes, de los goles con título, pero no de los equipos con aureola. Una paradoja típicamente española.

Fuera del campo, Alfonso ha sido fiel a sí mismo: discreto, sensato, a veces políticamente incorrecto (en una época donde eso ya no cotiza). Vive entre Madrid y Toledo, ligado a su familia y a su nombre, que se mantiene en el estadio de Getafe como un eco amable. En entrevistas suele decir lo que piensa, sin envoltorios de prensa ni marketing. Eso le ha costado titulares, pero le ha mantenido auténtico.

Alfonso Pérez Muñoz fue —y es— uno de esos futbolistas que encarnan la elegancia sin arrogancia. No cambió la historia del fútbol español, pero la adornó con belleza. Jugó como quien recita: sin querer convencer, pero dejando huella.
El Real Madrid lo vio nacer; el Betis lo hizo eterno; y el Barcelona… bueno, el Barcelona fue su Erasmus.

Un delantero que prefería el arte a la estadística. Un romántico del gol. Y sobre todo, un tipo que demuestra que a veces los mejores no son los que ganan más, sino los que dejan más recuerdos que medallas.

Sus datos, extraídos del libro “Veteranos y Noveles” (Geoplaneta 2023) escrito por un servidor, son los siguientes:

NOMBRE: Alfonso Pérez Muñoz.

POSICIÓN: Delantero.

NACIMIENTO: 26 de septiembre de 1972.

LUGAR DE NACIMIENTO: Getafe (Madrid) España.

NACIONALIDAD: España.

DEBUT: 24 de febrero de 1991, Liga, R. Madrid-Zaragoza, 2-0.

ÚLTIMO PARTIDO OFICIAL: 18 de junio de 1995, Liga, R. Madrid-Betis, 0-2.

ÚLTIMO PARTIDO: 9 de agosto de 1996, amistoso, R. Madrid-Torino, 1-1.

TEMPORADAS: 5

PARTIDOS OFICIALES: 119

LIGA: 89

COPA: 13

SUPERCOPA DE ESPAÑA: 2

RECOPA: 4

COPA DE LA UEFA: 11

VICTORIAS: 70, EMPATES: 21, DERROTAS: 28

TITULAR: 48

SUPLENTE: 71

SUSTITUDO: 18

MINUTOS: 5.268

PARTIDOS COMPLETOS: 30

PARTIDOS AMISTOSOS: 51

GOLES: 22

PRIMER GOL: 1 de octubre de 1991, Copa de la UEFA, R. Madrid-Slovan de Bratislava, 1-1.

ÚLTIMO GOL: 22 de diciembre de 1994, Liga, Valladolid-R. Madrid, 0-5.

DOBLETES: 2

ASISTENCIAS: 11

INTERNACIONAL: 38 veces con España.

TRAYECTORIA: Categorías inferiores del Real Madrid, Castilla, Real Madrid, Betis, Barcelona, Olympique de Marsella, Betis.

TÍTULOS CON EL REAL MADRID:

1 Liga.

1 Copa.

1 Supercopa de España.

1 Oro Olímpico.

Archivado en: El Club de los 100, Nuestra Historia, Nuestros Jugadores

EL CLUB DE LOS 100 | ALBIOL

10/10/2025 por JaviDatos JaviDatos

«Imagen. Raúl Albiol el día de su presentación por el Real Madrid. Fotografía Mediotiempo.com»

Hay futbolistas que pasan por la vida con el estruendo de una feria: focos, tatuajes, celebraciones que rozan el contorsionismo y frases para camiseta. Y luego están los otros, los que van de puntillas, hacen su trabajo con la serenidad de un relojero suizo y desaparecen dejando el rastro que solo perciben los que entienden de esto. Raúl Albiol pertenece a esa segunda estirpe, la más escasa y, paradójicamente, la más valiosa.

Raúl Albiol, el central invisible que lo hizo todo bien

Nació en Vilamarxant, tierra de naranjos, carácter seco y trabajo bien hecho. De crío jugaba al fútbol como quien aprende a respirar: sin estridencias. Ya entonces se adivinaba el tipo de jugador que sería siempre: un hombre más preocupado por la posición que por el postureo, más atento al corte que a la cámara. Entró en la cantera del Valencia y subió peldaño a peldaño, sin atajos ni padrinos, hasta debutar en 2003, cuando aún no se había afeitado con convicción.

Y entonces la vida, que es muy suya, le puso a prueba de verdad. Camino de Madrid, rumbo a firmar con el Getafe, sufrió un accidente de tráfico que pudo costarle la vida. Le retiraron el bazo y casi el futuro. Cualquiera habría dicho que aquello se había terminado; él, en cambio, decidió que aquello solo estaba empezando. Volvió a los terrenos de juego como si nada. Mejor dicho: como si lo hubiera entendido todo.

En Getafe aprendió el oficio y regresó al Valencia convertido en central de categoría y persona de entereza. Ganó una Copa del Rey en 2008 y se consolidó en una zaga que tenía más sustos que certezas. Lo hacía fácil: anticipar, corregir, ordenar. Un jugador que hacía parecer sencilla una tarea que suele ser heroica.

Y en 2009 llamó el Real Madrid. No todos los días te ficha el club más grande del mundo. Llegó en silencio, sin grandes titulares, en aquel verano de Florentino y los fichajes de portada. Mientras todos hablaban de Cristiano, Kaká y Benzema, Albiol llegaba para poner orden en la zaga. El primer año jugó casi todo. Pepe se lesionó y Raúl cumplió sin aspavientos. Nada de gestos épicos ni gritos al cielo: solo seguridad, desplazamiento preciso, respeto por la camiseta. Cumplió siempre. Cuando tocó rotar, rotó. Cuando tocó salir, salió. Pero jamás un mal gesto, jamás una palabra fuera de tono.Albiol fue el tipo que todos los entrenadores quieren tener y todos los periodistas olvidan mencionar. Y sin embargo, sin ese tipo, los equipos grandes se rompen.

Dejó el Real Madrid con una Liga, una Copa y una Supercopa. Y se marchó a Nápoles, donde descubrió que el calcio era su hábitat natural: defensa en bloque, rigor táctico, cemento y sudor. Allí fue titular seis temporadas, capitán moral y figura respetada por toda la Serie A. No levantó Champions ni Balones de Oro, pero se ganó una cosa más difícil: el respeto unánime de rivales y compañeros.

En 2019 volvió a España, al Villarreal, para jugar sus últimos años y acabar ejerciendo de patriarca. Y vaya si lo hizo. Fue el central que sostuvo al Submarino Amarillo en su mejor etapa europea, el que levantó la Europa League de 2021 y el que se fue hasta semifinales de Champions un año después. En Múnich, ante el todopoderoso Bayern, Albiol fue nombrado Jugador del Partido. Un español de 36 años, con el DNI ya arrugado, reduciendo a cero a los bávaros en su propio estadio. Esa noche fue la venganza silenciosa de los hombres discretos.

Raúl Albiol defendiendo la camiseta de nuestro equipo. Fotografía Pinterest.com

Después de todo eso, cuando muchos hubieran colgado las botas y abierto una cuenta de Instagram con fotos de desayunos, Raúl decidió marcharse de nuevo a Italia. En 2025 fichó por el Pisa, recién ascendido a Serie A. Una elección que lo define: nada de retiro dorado en Arabia ni de “experiencia exótica” en ligas que parecen benéficas; a él le siguen interesando la táctica, la seriedad y el fútbol de verdad.

Con la selección española, formó parte de la generación irrepetible que ganó Eurocopa, Mundial y otra Eurocopa. Jugó menos minutos que otros, pero estuvo siempre ahí: convocado, comprometido, dispuesto. En el vestuario de los héroes, hacía falta un tipo como Albiol para recordar que la gloria también necesita cimientos.

Raúl Albiol nunca fue un futbolista de frases ingeniosas. No dejó titulares, dejó ejemplos. No fue viral, fue fiable. Y en un fútbol donde la sobreactuación es moneda común, eso vale oro. Nunca buscó una cámara, nunca pidió un aplauso, lo suyo fue el trabajo, el compañerismo y una nobleza que ya parece arqueológica.

Cuando los madridistas de dentro de veinte años revisen aquella plantilla de 2009, encontrarán nombres deslumbrantes y goles inmortales. Pero entre ellos verán el rostro tranquilo de Raúl Albiol, y entenderán que también en el Real Madrid hay héroes sin ruido, soldados de la causa que no necesitan que nadie les recuerde porque su ejemplo ya lo hace por ellos.

Les dejo con las estadísticas de Raúl Albiol, sacadas del libro “Veteranos y Noveles” (Geoplaneta 2023), escrito por un servidor.

NOMBRE: Raúl Albiol Tortajada.

POSICIÓN: Defensa central.

NACIMIENTO: 4 de septiembre de 1985.

LUGAR DE NACIMIENTO: Villa Marchante (Valencia) España.

NACIONALIDAD: España.

DEBUT: 7 de agosto de 2009, amistoso, Toronto-R. Madrid, 5-1.

DEBUT OFICIAL: 29 de agosto de 2009, Liga, R. Madrid-Deportivo, 3-2.

ÚLTIMO PARTIDO: 1 de junio de 2013, Liga, R. Madrid-Osasuna.

TEMPORADAS: 4

PARTIDOS OFICIALES: 116

LIGA: 80

COPA: 15

COPA DE EUROPA: 20

SUPERCOPA DE ESPAÑA:  1

VICTORIAS: 85, EMPATES: 17, DERROTAS: 14

TITULAR: 98

SUPLENTE: 18

SUSTITUDO: 5

MINUTOS: 9.320

PARTIDOS COMPLETOS: 98

PARTIDOS AMISTOSOS: 24

GOLES: 2

PRIMER GOL: 8 de diciembre de 2009, Copa de Europa, Olympique de Marsella-R. Madrid.

ÚLTIMO GOL: 8 de mayo de 2013, Liga, R. Madrid-Málaga, 6-2.

ASISTENCIAS: 1

INTERNACIONAL: 58 veces con España.

TRAYECTORIA: Valencia B, Getafe, Valencia, Real Madrid, Napoles, Villarreal.

TÍTULOS CON EL REAL MADRID:

1 Liga.

1 Copa.

1 Supercopa de España.

1 Mundial.

1 Eurocopa

Archivado en: El Club de los 100, Nuestra Historia, Nuestros Jugadores

EL CLUB DE LOS 100 | ALABA

01/10/2025 por JaviDatos JaviDatos

«Imagen. David Alaba vistiendo la camiseta de nuestro Real Madrid. Fotografía La Galerna.»

David Alaba es el perfecto ejemplo de lo que el fútbol moderno puede darte y quitarte en cuestión de pocos años. Nacido en Viena en 1992: hijo de un DJ nigeriano y de una enfermera filipina, criado entre discos de vinilo y horarios de hospital, con la música como segundo idioma familiar y con el balón como vocación primera. Su infancia fue la del chaval que apuntaba maneras en el SV Aspern y luego en el Austria Viena, hasta que el Bayern, siempre atento a la cantera centroeuropea, lo pescó en 2008 para moldearlo en esa escuela germánica que no tiene paciencia pero sí resultados. En Múnich pasó de promesa a comodín de lujo: lateral izquierdo incansable, centrocampista de emergencia, central cuando tocaba. Todo lo hacía con solvencia, con ese pie izquierdo que parecía tener escuadra y cartabón, y con la fiabilidad de quien jugaba como si tuviera treinta años siendo apenas un crío.

El Bayern lo convirtió en campeón múltiple: diez Bundesligas, copas varias, dos Champions, incluida la de 2013 y la de 2020, aquella del sextete. Fue pieza de la orquesta, y durante mucho tiempo se habló de él como uno de los defensores más completos del continente. Era rápido, inteligente, ordenado y con una zurda educada. En Austria fue un héroe precoz: internacional con diecisiete años, capitán casi desde que tuvo edad de afeitarse, con más de cien internacionalidades y convertido en símbolo multicultural de un país donde el fútbol no suele exportar estrellas.

Y entonces apareció el Real Madrid. El 2021, Ramos se marcha y el club necesita alguien que herede el dorsal 4, esa camiseta que pesa más que la propia armadura. Se ficha a Alaba gratis, procedente del Bayern, y la operación parece maestra: un líder europeo, curtido, polivalente y con experiencia, a coste cero. Se le recibe como quien abre un regalo de Navidad. En su primer partido contra ese club del que usted me habla, marca en el Camp Nou y refuerza la idea de que el relevo está bien cubierto. Campeón de Liga, campeón de Champions en 2022, con aquella famosa pancarta en la celebración en la que sostenía la silla como si fuera un tótem. Todo parecía encajar.

Pero el fútbol, siempre caprichoso, tiene maneras crueles de recordar la biología. Y en diciembre de 2023, en plena temporada, Alaba sufre lo que ningún futbolista quiere escuchar: rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda. Fin de curso inmediato, operación, rehabilitación. Trece meses fuera, más de un año desaparecido de los estadios, ausente en la Eurocopa 2024 en la que Austria brilló sin su capitán. El papel que le quedó fue simbólico: capitán no jugador, líder desde la grada, un gesto de respeto que encierra también la tragedia de quien ya no puede estar en el césped.

Regresó en enero de 2025, sonriente, agradecido, hablando de segundas oportunidades. Pero el fútbol ya no era el mismo. En el Real Madrid, Rüdiger se había convertido en patrón de la zaga, Militao recuperaba su sitio, Nacho siempre estaba disponible, e incluso chavales con hambre ocupaban espacios que antes parecían intocables. Alaba pasó de ser pilar a convertirse en una pieza secundaria, en la quinta opción de una defensa que no podía esperar trece meses para darle tiempo a sanar. Y cuando parecía que podía recuperar continuidad, nuevas molestias musculares, otra lesión en el sóleo, más partes médicos y otra vez la sensación de que su cuerpo se ha rebelado contra él.

Fuera del campo, Alaba sigue siendo el mismo chico de siempre: alegre, sonriente, cercano. La música continúa en su vida: toca piano y guitarra, produce, acompaña a su hermana Rose May en sus proyectos musicales. Su padre sigue siendo figura cultural en Austria y la familia conserva esa identidad múltiple, con raíces africanas, asiáticas y centroeuropeas. Humanamente es un tipo ejemplar: no se le conocen escándalos, ni salidas de tono, ni portadas de tabloide. Es respetado en el vestuario, querido por compañeros, buen líder cuando toca, con carácter afable y cosmopolita.

Alaba posando con la Supercopa de España. Fotografía de su Twitter.

El valor de David Alaba en el Real Madrid va mucho más allá de los números. El club no solo gana con sus defensas férreas, también con figuras que aportan liderazgo, experiencia y un espíritu ganador forjado en la élite. Alaba es precisamente eso: un referente moral, un futbolista con un currículo envidiable y un palmarés impresionante, que además transmite serenidad y confianza en el vestuario. Desde su llegada, ha sido un fichaje valioso, que aportó títulos y dejó momentos memorables, y cuya presencia sigue siendo un activo importante para el equipo, tanto dentro como fuera del campo.

La historia de David Alaba aún tiene capítulos por escribir. El fútbol, tan exigente, también es generoso con quienes perseveran, y Alaba tiene todo para firmar una gran redención: basta con que encadene partidos a buen nivel, que vuelva a brillar en una noche grande o que haga valer su zurda en una falta decisiva para que el relato cambie de inmediato. Su experiencia y talento son garantía de que todavía puede regalar momentos importantes, y en un club como el Real Madrid esas segundas oportunidades suelen convertirse en gestas inolvidables.

A día de hoy, David Alaba representa mucho más que un jugador: es un símbolo de lucha constante, un veterano de enorme prestigio que aporta serenidad y carácter, un futbolista con una trayectoria de leyenda en el Bayern y con páginas valiosas escritas ya en Chamartín. Humanamente es ejemplar, con una riqueza multicultural y personal que le da un carisma especial y muy respetado dentro y fuera del vestuario. Deportivamente, sigue siendo una pieza con potencial de marcar diferencias, y en un club que vive de noches mágicas, lo que hoy se presenta como reto puede convertirse mañana en oportunidad de gloria.

Los datos de David Alaba, extraídos de la obra “Veteranos y Noveles” (Geoplaneta 2023), escrita por un servidor y actualizadas a 28 de septiembre de 2025 son:

NOMBRE: David Olatukunbo Alaba.

POSICIÓN: Defensa central.

NACIMIENTO: 24 de junio de 1992.

LUGAR DE NACIMIENTO: Viena (Austria).

NACIONALIDAD: Austria/Nigeria/Filipinas.

DEBUT: 8 de agosto de 2021, amistoso, Milan-R. Madrid, 0-0.

DEBUT OFICIAL: 14 de agosto de 2021, Liga, Alavés-R. Madrid, 1-4.

ÚLTIMO PARTIDO: 23 se septiembre de 2025, Liga, Levante-R. Madrid, 1-4

TEMPORADAS: 5

PARTIDOS OFICIALES: 119

LIGA: 76

COPA DE ESPAÑA: 7

SUPERCOPA DE ESPAÑA: 1

COPA DE EUROPA: 32

SUPERCOPA DE EUROPA: 1

MUNDIAL DE CLUBES: 2

VICTORIAS: 86, EMPATES: 14, DERROTAS: 19

TITULAR: 106

SUPLENTE: 13

SUSTITUDO: 24

MINUTOS: 9.200

PARTIDOS COMPLETOS: 82

PARTIDOS AMISTOSOS: 9

GOLES: 5

PRIMER GOL: 24 de octubre de 2021, Liga, Barcelona-R. Madrid, 1-2.

ÚLTIMO GOL: 14 de agosto de 2022, Liga, Almería-R. Madrid, 1-2.

ASISTENCIAS: 9

INTERNACIONAL: 109 veces con Austria.

TRAYECTORIA: Austra Viena, Bayern Munich, Hoffenheim, Bayern Munich, Real Madrid.

TÍTULOS CON EL REAL MADRID:

2 Ligas.

1 Copa.

2 Supercopas de España.

2 Copas de Europa.

2 Supercopas de Europa.

2 Mundial de Clubes.

Archivado en: El Club de los 100, Nuestra Historia, Nuestros Jugadores

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