El Club De Los 100 | Bale

«Imagen. Bale con su quinta Champions. Fotografía Realmadrid.com»
Gareth Bale es, probablemente, el futbolista más malinterpretado de la historia reciente del Real Madrid. Y no porque su carrera admita demasiadas interpretaciones, los hechos son tozudos, sino porque el fútbol moderno no sabe muy bien qué hacer con alguien que gana mucho, decide poco y se marcha sin mirar atrás. Bale no encaja en el molde del héroe agradecido ni en el del villano resentido. Simplemente pasó, arrasó cuando quiso y se fue a jugar al golf.
Y eso, en este negocio, resulta insoportable.
GARETH BALE O CÓMO GANAR CINCO COPAS DE EUROPA SIN QUE TE IMPORTE DEMASIADO GUSTAR
Gareth Frank Bale nace en Cardiff en 1989. Su historia empieza lejos del foco, en Gales, ese país que produce futbolistas con cuentagotas y que, de repente, se encuentra con uno capaz de correr como un velocista, chutar como un mulo y decidir finales de Copa de Europa como quien pide un café.
En el Southampton debuta muy joven, primero como lateral izquierdo. Ya entonces se aprecia algo inquietante: Bale no solo corre más que los demás, sino que parece hacerlo con despreocupación, como si el esfuerzo fuera una molestia ajena. El Tottenham lo ficha pronto, y allí empieza la mutación definitiva: de lateral a extremo, de promesa a fenómeno.
En la Premier League, Bale se convierte en una fuerza de la naturaleza. Regates largos, arrancadas imposibles, goles desde fuera del área. En 2013 es uno de los mejores jugadores del mundo, sin discusión. Y entonces aparece el Real Madrid.
El Real Madrid ficha a Bale en el verano de 2013 por una cifra récord. No llega como complemento. Llega como apuesta estratégica: el heredero físico de Cristiano, el futuro del club, el jugador llamado a dominar Europa la siguiente década.
Lo curioso es que Bale nunca pidió ese papel. Se lo colocaron encima como se coloca una chaqueta demasiado grande. Él se la puso, hizo lo que pudo… y jamás fingió que le quedara perfecta.
Su primera temporada es, directamente, fundacional. Bale decide la final de Copa del Rey de 2014 con una carrera antológica por la banda, dejando atrás a Bartra (todavía le está buscando) como quien deja atrás un mal recuerdo. Ese gol no es sólo velocidad: es poder, determinación y una forma muy seria de anunciarse en el Real Madrid.
Semanas después, en Lisboa, en la final de la Décima, Bale marca el gol que rompe el empate en la prórroga. No es el más recordado, ese honor se lo lleva Ramos, pero es el gol que inclina la final. El Real Madrid gana su décima Copa de Europa y Bale ya está dentro de la historia grande del club.
Sin discursos. Sin proclamas. Sin prometer amor eterno.
Aquí conviene detenerse, porque el caso Bale suele naufragar cuando se llega a los números, que son un estorbo para el relato.
Con el Real Madrid, Gareth Bale gana títulos, muchos títulos y no como figurante. Bale marca en la final de Copa del Rey, en la final de Copa de Europa 2014, final del Mundial 2014, y final de Copa de Europa 2018 (dos goles, uno de ellos una chilena obscena)
Ese gol de Kiev —la chilena— es probablemente el mejor gol en una final de Copa de Europa de la historia (con permiso de Zidane y su volea). Bale entra desde el banquillo, no pregunta, no negocia protagonismo y ejecuta una obra de arte que decide el título. Y luego, como si nada, vuelve al segundo plano.
El problema no es lo que Bale hizo. El problema es que nunca pareció necesitar que se lo agradecieran.
A partir de cierto momento, la relación entre Bale y el entorno del Real Madrid se vuelve tensa. Lesiones, irregularidad, suplencias. Pero, sobre todo, una diferencia cultural insalvable: al madridismo le gusta que le quieran en público. Bale nunca jugó a eso.
No aprendió bien el español. No dio grandes entrevistas emocionales. No se entregó al folclore. Y encima tenía una afición imperdonable: el golf. El golf, ese deporte que el madridismo mediático decidió convertir en prueba pericial de desamor.
Bale no discutió esa caricatura. La dejó correr. A veces, incluso, la alimentó. El famoso episodio de la bandera “Wales. Golf. Madrid. In that order” fue recibido como una provocación. En realidad fue otra cosa: una muestra de indiferencia absoluta hacia el qué dirán.
Y eso, otra vez, es inadmisible.
Con Zidane, la relación fue profesional, correcta y fría. Zidane no necesitaba a Bale para explicar el fútbol. Bale no necesitaba a Zidane para sentirse futbolista. Cuando jugó, rindió. Cuando no, aceptó el banquillo con una mezcla de resignación y desinterés que desesperó a muchos.
Pero conviene insistir: nunca hubo un conflicto público grave. Hubo una desconexión emocional. Que no es lo mismo.
Con Gales, Bale fue otra cosa. Capitán, referente, líder. Lleva a su selección a una semifinal de Eurocopa en 2016, algo impensable en la historia del país. Ahí sí asume el papel de ídolo nacional. Porque era su gente, porque era su idioma, porque nadie le exigía representar un relato ajeno.
Gales fue el lugar donde Bale decidió implicarse emocionalmente. El Real Madrid fue el lugar donde decidió ganar.
Bale se marcha del Real Madrid en 2022. Lo hace tras ganar su quinta orejona. Se va sin lágrimas, sin homenajes impostados, sin cartas abiertas a la afición. Juega brevemente en la MLS, disputa un último Mundial con Gales y se retira.
No pide perdón. No explica nada. No reescribe su historia.

Gareth Bale fue uno de los jugadores más decisivos en finales de la historia del club, un futbolista físicamente dominante, un ganador serial y un tipo al que nunca le importó demasiado gustar
Eso último es lo que más le cuesta perdonarle a cierta parte del madridismo. Porque Bale no jugó al juego emocional. Jugó al fútbol. Y cuando no le apeteció jugar más, se fue.
El pecado capital de Gareth Bale en el Real Madrid no fue lesionarse, ni jugar al golf, ni no hablar español perfecto. Fue algo mucho más grave: no necesitar el aplauso.
Ganó cinco Copas de Europa, decidió finales, marcó goles históricos… y nunca pidió que le levantaran una estatua. En un club que vive de la grandeza, Bale recordó algo incómodo: que se puede ser decisivo sin ser devoto.
Y quizá por eso su figura seguirá siendo discutida, porque el fútbol acepta muchas cosas, pero lleva fatal la independencia emocional.
Gareth Bale pasó por el Real Madrid como un huracán educado: entró, destrozó lo que tenía que destrozar y se fue a jugar al golf.
Mientras algunos todavía discuten si fue un fracaso, las vitrinas siguen contando cinco Champions.
El resto es ruido.
Sus datos en el Real Madrid, extraídos de la obra Veteranos y Noveles (Geoplaneta 2023) y escrita por un servidor, son los siguientes:
NOMBRE: Gareth Frank Bale.
POSICIÓN: Extremo izquierda.
NACIMIENTO: 16 de julio de 1989.
LUGAR DE NACIMIENTO: Cardiff (Gales).
NACIONALIDAD: Gales.
DEBUT: 14 de septiembre de 2013, Liga, Villarreal-R. Madrid, 2-2.
ÚLTIMO PARTIDO: 9 de abril de 2022, Liga, R. Madrid-Getafe, 2-0.
TEMPORADAS: 8
PARTIDOS OFICIALES: 258
LIGA: 176
COPA: 13
SUPERCOPA DE ESPAÑA: 3
COPA DE EUROPA: 57
SUPERCOPA DE EUROPA: 3
MUNDIAL DE CLUBES: 6
VICTORIAS: 167, EMPATES: 49, DERROTAS: 42
TITULAR: 208
SUPLENTE: 50
SUSTITUDO: 91
MINUTOS: 18.191
PARTIDOS COMPLETOS: 115
PARTIDOS AMISTOSOS: 25
GOLES: 106
PRIMER GOL: 14 de septiembre de 2013, Liga, Villarreal-R. Madrid, 2-2.
ÚLTIMO GOL: 22 de agosto de 2021, Liga, Levante-R. Madrid, 3-3.
PÓKER: 1,
HAT TRICKS: 3
DOBLETES: 15
ASISTENCIAS: 58
INTERNACIONAL: 111 veces con Gales.
TRAYECTORIA: Southampton, Tottenham, Real Madrid, Tottenham, Real Madrid, Los Ángeles SC.
TÍTULOS CON EL REAL MADRID:
3 Ligas.
1 Copa.
3 Supercopas de España.
5 Copas de Europa.
3 Supercopas de Europa.
4 Mundiales de Clubs.

Creo que una gran parte de madridistas nos valoramos en su justa medida a Bale. En mucha gente pesó más de lo que sé hablaba de él fuera de los terrenos de juego, de lo que hizo dentro, pero dentro hizo mucho y bueno, y así habría que reconocerselo. Gracias Javi por éste nuevo artículo de uno de los nuestros. Un abrazo grande y Hala Madrid siempre!!!