El Club De Los 100 | Barinaga

«Imagen. Sabino Barinaga en una foto del archivo de Marca«
En la mitología moderna del Real Madrid hay monumentos instantáneos: Di Stéfano, Puskás, Raúl, Cristiano. Historias que encajan como piezas brillantes en una narración lineal de gloria. Pero antes de que todo eso fuera posible —antes incluso de que el Santiago Bernabéu se convirtiese en templo universal— hubo un jugador cuya biografía parece salirse de la propia historia del club y de la historia de España: Sabino Barinaga, el delantero que vino del exilio, marcó el primer gol en el Bernabéu y luego vivió varias vidas futbolísticas sin reclamar nunca un pedestal permanente.
SABINO BARINAGA, EL PRIMER GOL DEL ESTADIO
Barinaga nació el 15 de agosto de 1922 en Durango (Vizcaya), en un País Vasco inquieto y en ebullición. La Guerra Civil Española truncó vidas y desvió destinos. Como muchos niños, Sabino fue enviado al extranjero para escapar del horror: sus padres lo mandaron a Inglaterra con sus hermanos, ayudados por redes de evacuación infantil. Tenía apenas catorce años.
Allí, en un país donde el fútbol era ya un rito social profundamente arraigado, Barinaga descubrió el deporte con una intensidad difícil de explicar hoy. Jugando para su colegio y luego para equipos vinculados al Southampton FC, explotó con cifras absolutamente insólitas: más de sesenta goles en poco más de una docena de partidos con equipos de formación. Aquello no era una promesa; era una evidencia. El muchacho español no solo había sobrevivido al exilio: estaba aprendiendo el fútbol en un entorno mucho más avanzado que el que encontraría después al regresar.
Cuando la guerra terminó y Barinaga regresó a España, el país estaba devastado y el fútbol, desarticulado. En ese contexto, el joven delantero tomó una decisión decisiva: fichar por el Real Madrid. Debutó en Liga en 1940, siendo todavía casi un adolescente, pero con una experiencia impropia de su edad.
Su impacto fue inmediato. Barinaga no necesitó adaptación. Marcaba goles. Muchos. Goles útiles, goles que sostenían a un equipo que aún no era dominante, pero que empezaba a reconstruirse desde la necesidad. Durante diez temporadas, Sabino Barinaga fue uno de los pilares ofensivos del Real Madrid, acumulando 92 goles oficiales con el primer equipo. Ni uno más, ni uno menos. Noventa y dos.

En una época de campos embarrados, defensas durísimas y calendarios irregulares, esa cifra no es menor. Barinaga no fue un delantero de ráfagas, sino un goleador sostenido, constante, fiable. No jugaba para la galería. Jugaba para decidir partidos.
Si hay un momento que condensa su lugar en la historia del club, es uno muy concreto: el primer gol marcado en el estadio Santiago Bernabéu. Fue en diciembre de 1947, en un partido inaugural no oficial, y el autor fue Barinaga. No es una anécdota: es un símbolo. El primer gol del estadio que acabaría definiendo al club lo marcó un delantero que había llegado a Inglaterra como niño refugiado.
Barinaga también fue protagonista de partidos que hoy forman parte del imaginario colectivo, como la célebre semifinal de Copa del Generalísimo de 1943 frente al Barcelona, en la que marcó cuatro goles. No es un dato decorativo: es la constatación de que, cuando el contexto exigía personalidad y contundencia, Barinaga estaba ahí.
Conviene insistir en algo que a menudo se olvida: Barinaga no fue un delantero esteticista. No construyó su carrera sobre el regate ni sobre la fantasía. Era un jugador funcional, inteligente, con gran capacidad para moverse sin balón, aparecer en el momento justo y definir con rapidez. Sabía jugar de extremo, de interior, de segundo delantero. Donde hiciera falta.
Ese tipo de futbolista suele ser menos recordado que el virtuoso, pero es el que sostiene equipos. El Real Madrid de los años cuarenta no necesitaba artistas: necesitaba oficio. Y Barinaga lo tenía.
En una época en la que el reconocimiento pasaba casi exclusivamente por el rendimiento semanal, Sabino Barinaga construyó su prestigio lejos del escaparate internacional. No fue internacional con España, y eso no resta un gramo de valor a su trayectoria. Al contrario: explica mejor el contexto de un fútbol atravesado por inercias, criterios difusos y una selección que no siempre reflejaba el verdadero peso de los futbolistas en la competición doméstica. Barinaga fue importante donde de verdad contaba entonces: en su club, domingo a domingo, sosteniendo al Real Madrid de posguerra con goles y oficio.El final como jugador y la continuidad como profesional
Barinaga dejó el Real Madrid en 1950. No hubo drama ni conflicto público. Simplemente, el ciclo había terminado. Continuó su carrera como jugador en la Real Sociedad, donde aportó experiencia y goles durante varias temporadas, y cerró su etapa en activo en el Real Betis.
Pero lo verdaderamente revelador vino después.
A diferencia de otros exjugadores, Barinaga no desapareció del fútbol, pero tampoco se convirtió en personaje. Se hizo entrenador. Y ejerció como tal durante más de dos décadas, dirigiendo equipos de Primera y Segunda División con un perfil claro: profesional, serio, sin aspavientos.
Entrenó, entre otros, a Real Betis, Osasuna, Real Oviedo, Málaga CF, Valencia CF, Sevilla FC y Atlético de Madrid. También tuvo experiencias internacionales, entrenando en México y en selecciones africanas, en una época en la que eso no era habitual ni cómodo.
No fue un entrenador de grandes títulos, pero sí un técnico respetado, con recorrido, capaz de adaptarse a contextos muy distintos. Y, sobre todo, alguien que entendió el fútbol como un trabajo continuo, no como una plataforma de exhibición personal.
Barinaga murió en 1988, en Madrid. No dejó memorias, no frecuentó micrófonos y no reclamó reconocimiento tardío. Vivió su pasado con naturalidad y sin necesidad de validación externa. Quizá por eso su figura resulta hoy tan interesante. Porque encarna algo que el fútbol moderno ha ido perdiendo: la idea del profesional completo, que juega, entrena, trabaja y se va cuando toca. Sin ruido. Sin victimismo. Sin convertir su nombre en franquicia.
Sabino Barinaga no es una leyenda de bronce ni una figura de museo. Es algo más complejo y más valioso: un futbolista que atravesó la guerra, el exilio, la posguerra, el fútbol inglés, el Real Madrid de reconstrucción y los banquillos de medio mundo sin dejar nunca de ser un trabajador del oficio.
Marcó 92 goles con el Real Madrid. Marcó el primer gol del Bernabéu. Fue entrenador durante más de veinte años. Y nunca pidió aplausos por ello.
En un fútbol saturado de relato, recordar a Sabino Barinaga es un ejercicio de higiene histórica. Para separar el ruido del trabajo. El mito del hecho. La exageración del dato.
Sus datos en el Real Madrid, extradito de la obra Veteranos y Noveles (Geoplaneta 2023), escrita por un servidor, son estos:
NOMBRE: Sabino Barinaga Alberdi.
POSICIÓN: Centrocampista.
NACIMIENTO: 15 de agosto de 1922.
LUGAR DE NACIMIENTO: Durango (Vizcaya) España.
FALLECIMIENTO: 19 de marzo de 1988.
NACIONALIDAD: España.
DEBUT: 28 de abril de 1940, Liga, Athletic-R. Madrid, 3-1.
ÚLTIMO PARTIDO: 21 de mayo de 1950, Copa, R. Madrid-Valladolid, 2-2.
TEMPORADAS: 11
PARTIDOS OFICIALES: 182
LIGA: 149
COPA: 33
VICTORIAS: 89, EMPATES: 36, DERROTAS: 57
TITULAR: 182
SUPLENTE: 0
SUSTITUDO: 0
MINUTOS: 16.422
PARTIDOS COMPLETOS: 181
PARTIDOS AMISTOSOS: 62
GOLES: 92
PRIMER GOL: 6 de octubre de 1940, liga, R. Madrid-Hércules, 5-3.
ÚLTIMO GOL: 7 de mayo de 1950, Copa, Gimnástico de Tarragona, R.Madrid, 1-7.
HAT TRICKS: 7
DOBLETES: 11
ASISTENCIAS: 20
INTERNACIONAL: No.
TRAYECTORIA: Southampton, Real Madrid, Valladolid, Real Madrid, Real Sociedad, Betis.
TÍTULOS CON EL REAL MADRID:
2 Copas.
1 Copa Eva Duarte.

Siempre interesante estos artículos sobre los jugadores que han jugado al menos 100 partidos defendiendo la camiseta de nuestro Real Madrid. Muchas gracias Javi. Un abrazo grande y Hala Madrid siempre!!!