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El Club De Los 100 | Barinaga

28/02/2026 por JaviDatos JaviDatos

«Imagen. Sabino Barinaga en una foto del archivo de Marca«

En la mitología moderna del Real Madrid hay monumentos instantáneos: Di Stéfano, Puskás, Raúl, Cristiano. Historias que encajan como piezas brillantes en una narración lineal de gloria. Pero antes de que todo eso fuera posible —antes incluso de que el Santiago Bernabéu se convirtiese en templo universal— hubo un jugador cuya biografía parece salirse de la propia historia del club y de la historia de España: Sabino Barinaga, el delantero que vino del exilio, marcó el primer gol en el Bernabéu y luego vivió varias vidas futbolísticas sin reclamar nunca un pedestal permanente.

SABINO BARINAGA, EL PRIMER GOL DEL ESTADIO

Barinaga nació el 15 de agosto de 1922 en Durango (Vizcaya), en un País Vasco inquieto y en ebullición. La Guerra Civil Española truncó vidas y desvió destinos. Como muchos niños, Sabino fue enviado al extranjero para escapar del horror: sus padres lo mandaron a Inglaterra con sus hermanos, ayudados por redes de evacuación infantil. Tenía apenas catorce años.

Allí, en un país donde el fútbol era ya un rito social profundamente arraigado, Barinaga descubrió el deporte con una intensidad difícil de explicar hoy. Jugando para su colegio y luego para equipos vinculados al Southampton FC, explotó con cifras absolutamente insólitas: más de sesenta goles en poco más de una docena de partidos con equipos de formación. Aquello no era una promesa; era una evidencia. El muchacho español no solo había sobrevivido al exilio: estaba aprendiendo el fútbol en un entorno mucho más avanzado que el que encontraría después al regresar.

Cuando la guerra terminó y Barinaga regresó a España, el país estaba devastado y el fútbol, desarticulado. En ese contexto, el joven delantero tomó una decisión decisiva: fichar por el Real Madrid. Debutó en Liga en 1940, siendo todavía casi un adolescente, pero con una experiencia impropia de su edad.

Su impacto fue inmediato. Barinaga no necesitó adaptación. Marcaba goles. Muchos. Goles útiles, goles que sostenían a un equipo que aún no era dominante, pero que empezaba a reconstruirse desde la necesidad. Durante diez temporadas, Sabino Barinaga fue uno de los pilares ofensivos del Real Madrid, acumulando 92 goles oficiales con el primer equipo. Ni uno más, ni uno menos. Noventa y dos.

Barinaga en una portada del diario Marca. Fotografía Marca.

En una época de campos embarrados, defensas durísimas y calendarios irregulares, esa cifra no es menor. Barinaga no fue un delantero de ráfagas, sino un goleador sostenido, constante, fiable. No jugaba para la galería. Jugaba para decidir partidos.

Si hay un momento que condensa su lugar en la historia del club, es uno muy concreto: el primer gol marcado en el estadio Santiago Bernabéu. Fue en diciembre de 1947, en un partido inaugural no oficial, y el autor fue Barinaga. No es una anécdota: es un símbolo. El primer gol del estadio que acabaría definiendo al club lo marcó un delantero que había llegado a Inglaterra como niño refugiado.

Barinaga también fue protagonista de partidos que hoy forman parte del imaginario colectivo, como la célebre semifinal de Copa del Generalísimo de 1943 frente al Barcelona, en la que marcó cuatro goles. No es un dato decorativo: es la constatación de que, cuando el contexto exigía personalidad y contundencia, Barinaga estaba ahí.

Conviene insistir en algo que a menudo se olvida: Barinaga no fue un delantero esteticista. No construyó su carrera sobre el regate ni sobre la fantasía. Era un jugador funcional, inteligente, con gran capacidad para moverse sin balón, aparecer en el momento justo y definir con rapidez. Sabía jugar de extremo, de interior, de segundo delantero. Donde hiciera falta.

Ese tipo de futbolista suele ser menos recordado que el virtuoso, pero es el que sostiene equipos. El Real Madrid de los años cuarenta no necesitaba artistas: necesitaba oficio. Y Barinaga lo tenía.

En una época en la que el reconocimiento pasaba casi exclusivamente por el rendimiento semanal, Sabino Barinaga construyó su prestigio lejos del escaparate internacional. No fue internacional con España, y eso no resta un gramo de valor a su trayectoria. Al contrario: explica mejor el contexto de un fútbol atravesado por inercias, criterios difusos y una selección que no siempre reflejaba el verdadero peso de los futbolistas en la competición doméstica. Barinaga fue importante donde de verdad contaba entonces: en su club, domingo a domingo, sosteniendo al Real Madrid de posguerra con goles y oficio.El final como jugador y la continuidad como profesional

Barinaga dejó el Real Madrid en 1950. No hubo drama ni conflicto público. Simplemente, el ciclo había terminado. Continuó su carrera como jugador en la Real Sociedad, donde aportó experiencia y goles durante varias temporadas, y cerró su etapa en activo en el Real Betis.

Pero lo verdaderamente revelador vino después.

A diferencia de otros exjugadores, Barinaga no desapareció del fútbol, pero tampoco se convirtió en personaje. Se hizo entrenador. Y ejerció como tal durante más de dos décadas, dirigiendo equipos de Primera y Segunda División con un perfil claro: profesional, serio, sin aspavientos.

Entrenó, entre otros, a Real Betis, Osasuna, Real Oviedo, Málaga CF, Valencia CF, Sevilla FC y Atlético de Madrid. También tuvo experiencias internacionales, entrenando en México y en selecciones africanas, en una época en la que eso no era habitual ni cómodo.

No fue un entrenador de grandes títulos, pero sí un técnico respetado, con recorrido, capaz de adaptarse a contextos muy distintos. Y, sobre todo, alguien que entendió el fútbol como un trabajo continuo, no como una plataforma de exhibición personal.

Barinaga murió en 1988, en Madrid. No dejó memorias, no frecuentó micrófonos y no reclamó reconocimiento tardío. Vivió su pasado con naturalidad y sin necesidad de validación externa. Quizá por eso su figura resulta hoy tan interesante. Porque encarna algo que el fútbol moderno ha ido perdiendo: la idea del profesional completo, que juega, entrena, trabaja y se va cuando toca. Sin ruido. Sin victimismo. Sin convertir su nombre en franquicia.

Sabino Barinaga no es una leyenda de bronce ni una figura de museo. Es algo más complejo y más valioso: un futbolista que atravesó la guerra, el exilio, la posguerra, el fútbol inglés, el Real Madrid de reconstrucción y los banquillos de medio mundo sin dejar nunca de ser un trabajador del oficio.

Marcó 92 goles con el Real Madrid. Marcó el primer gol del Bernabéu. Fue entrenador durante más de veinte años. Y nunca pidió aplausos por ello.

En un fútbol saturado de relato, recordar a Sabino Barinaga es un ejercicio de higiene histórica. Para separar el ruido del trabajo. El mito del hecho. La exageración del dato.

Sus datos en el Real Madrid, extradito de la obra Veteranos y Noveles (Geoplaneta 2023), escrita por un servidor, son estos:

NOMBRE: Sabino Barinaga Alberdi.

POSICIÓN: Centrocampista.

NACIMIENTO: 15 de agosto de 1922.

LUGAR DE NACIMIENTO: Durango (Vizcaya) España.

FALLECIMIENTO: 19 de marzo de 1988.

NACIONALIDAD: España.

DEBUT: 28 de abril de 1940, Liga, Athletic-R. Madrid, 3-1.

ÚLTIMO PARTIDO: 21 de mayo de 1950, Copa, R. Madrid-Valladolid, 2-2.

TEMPORADAS: 11

PARTIDOS OFICIALES: 182

LIGA: 149

COPA: 33

VICTORIAS: 89, EMPATES: 36, DERROTAS: 57

TITULAR: 182

SUPLENTE: 0

SUSTITUDO: 0

MINUTOS: 16.422

PARTIDOS COMPLETOS: 181

PARTIDOS AMISTOSOS: 62

GOLES: 92

PRIMER GOL: 6 de octubre de 1940, liga, R. Madrid-Hércules, 5-3.

ÚLTIMO GOL: 7 de mayo de 1950, Copa, Gimnástico de Tarragona, R.Madrid, 1-7.

HAT TRICKS: 7

DOBLETES: 11

ASISTENCIAS: 20

INTERNACIONAL: No.

TRAYECTORIA: Southampton, Real Madrid, Valladolid, Real Madrid, Real Sociedad, Betis.

TÍTULOS CON EL REAL MADRID:

2 Copas.

1 Copa Eva Duarte.

Archivado en: El Club de los 100, Nuestra Historia, Nuestros Jugadores

Trofeo La Gran Familia al Mejor Jugador 2025-2026 | MVP (Real Madrid CF – Benfica «Champions»)

27/02/2026 por Peña Madridista La Gran Familia Peña Madridista La Gran Familia

El Real Madrid logró clasificarse para octavos de la Champions tras vencer por 2-1 al Benfica (3-1 en el global). Ahora esperamos rival, qué saldrá entre Sporting de Lisboa o Manchester City ¿Volveremos a Lisboa?.

No fue un buen partido, pero gracias a algunas individualidades el equipo logró sacar el partido adelante y pasar a la siguiente ronda. Tras el partido os dimos a elegir entre Valverde, Vinicius, Tchouaméni y Courtois para el MVP madridista, siendo el francés el elegido con un 70% de los votos, seguido de Vinicius 12%, Valverde 11% y Courtois 7%.

El lunes recibimos al Getafe con la necesidad de no fallar para seguir intentando recuperar el liderato.

Archivado en: Nuestros Jugadores, Trofeo al Mejor Jugador

Trofeo La Gran Familia al Mejor Jugador 2025-2026 | MVP (Atlético Osasuna – Real Madrid CF «Liga»)

23/02/2026 por Peña Madridista La Gran Familia Peña Madridista La Gran Familia

Tras una seria de partido en la que el equipo parecía asentarse y entrar en una racha positiva de juego y resultados, ayer en Pamplona al equipo le faltó energia para sacar algo positivo de su visita al El Sadar, en donde Osasuna estuvo más acertado y le puso una marcha más al partido.

Cuándo parecía que al menos el equipo volvería de Pamplona con un punto, un gol a última hora de los rojillos nos dejó con la derrota y probablemente sin el liderato. Esperemos que al equipo le sirva como aprendizaje y el miércoles frente al Benfica volvamos a encontrar nuestra mejor versión. Tras el partido ante los navarros os dimos a elegir entre Valverde, Vinicius, Tchouaméni y Alaba para el MVP del partido, siendo Vinicius el elegido con un 71% de los votos, seguido de Tchouaméni 16%, Valverde 10% y Alaba 3%.

El miércoles volvemos al Bernabéu para enfrentarnos al Benfica en el partido de vuelta de los play offs, esperamos que el equipo nos dé una alegría y nos lo ponga complicado a la hora de elegir a los cuatro mejores jugadores.

Archivado en: Nuestros Jugadores, Trofeo al Mejor Jugador

El Club De Los 100 | Bañón

22/02/2026 por JaviDatos JaviDatos

«Imagen. Bañon en acción defendiendo la portería del Real Madrid. Fotografía lagalerna.» 

El Real Madrid es un club que recuerda mucho y olvida rápido. Recuerda las Copas de Europa, las noches imposibles, los goles decisivos. Olvida, en cambio, a quienes sostuvieron el edificio cuando aún no era palacio sino andamio. José Bañón Gonzálbez pertenece a esa categoría incómoda: la de los futbolistas importantes que no reclamaron posteridad.

Bañón, el portero que se fue sin hacer ruido

Fue portero del Real Madrid en los años cuarenta. Dicho así suena remoto, casi arqueológico, como si habláramos de una era previa al fútbol moderno, cuando en realidad hablamos de los cimientos mismos del club que hoy se presume universal. Bañón fue titular, fue Zamora, fue internacional, fue garantía. Y, sin embargo, su nombre no se corea. No hay camisetas vintage con su dorsal. No hay documentales que lo rescaten cada aniversario. ¿Por qué? Porque Bañón cometió el mayor pecado posible en el fútbol contemporáneo: se fue.

No se fue por voluntad propia, claro. Se fue porque el cuerpo dijo basta. Problemas pulmonares. Una expresión seca que hoy se despacha en un parte médico y mañana se olvida. En la España de posguerra, sin embargo, eso era una condena seria. No una molestia. No una lesión superable. Una frontera. Bañón se retiró con 27 años, en plena madurez deportiva, cuando aún tenía fútbol por delante y prestigio ganado. Y ahí empieza la verdadera historia.

Antes conviene detenerse en lo que fue como futbolista. Bañón no fue un portero ornamental. No hay en su legado imágenes de vuelos innecesarios ni paradas diseñadas para el aplauso. Era un guardameta sobrio, valiente, de colocación impecable y con una cualidad hoy casi olvidada: seguridad. El defensa sabía que podía arriesgar porque detrás había alguien que respondía. El entrenador sabía que no iba a vivir al borde del infarto. Y la grada, entonces más exigente que indulgente, sabía reconocer al profesional fiable.

El Real Madrid de los cuarenta no era aún el imperio posterior. Era un club grande en un país devastado, con campos duros, viajes incómodos y un fútbol físico, áspero, poco dado al lucimiento. Ser portero en ese contexto no era una posición glamurizada: era una trinchera. Y Bañón la ocupó con solvencia durante seis temporadas. Ganó Copas, fue el menos goleado, defendió el escudo cuando hacerlo no implicaba contratos blindados ni homenajes asegurados.

Luego llegó la enfermedad. Y con ella, el silencio.

Hoy nos cuesta entender lo que significa una retirada sin transición. Estamos acostumbrados a que el futbolista nunca desaparezca del todo. Cambia de rol, de plató, de discurso, pero sigue ahí. El fútbol se ha convertido en una identidad permanente. En los años cuarenta no. En los años cuarenta el fútbol era una etapa de la vida, no una coartada vital. Cuando terminaba, se acababa. Y Bañón aceptó ese final sin dramatizarlo públicamente.

Aquí es donde su figura se vuelve verdaderamente interesante. Porque no hizo nada con su pasado. No lo explotó, no lo rentabilizó, no lo convirtió en argumento. Se fue a vivir una vida normal. Trabajó, formó una familia, protegió su intimidad. No reclamó atención, no exigió reconocimiento, no escribió memorias ni concedió entrevistas tardías. Desapareció del foco sin resentimiento visible.

Ese comportamiento, hoy, resulta casi incomprensible. Hemos construido un ecosistema donde la relevancia pasada otorga derecho a presencia perpetua. Donde el exjugador siente que el mundo le debe algo. Bañón no pensaba así. O, si lo pensó, no lo expresó. Entendió que el Real Madrid estaba por encima de su biografía y que su tiempo había terminado. Y se retiró también del relato.

Sobre su vida personal posterior se sabe poco. Y conviene subrayarlo: poco porque quiso, no porque se le negara. Vivió alejado del ruido, sin conflictos conocidos, sin escándalos, sin ajustes de cuentas. Su hermano fue árbitro, lo que apunta a una familia ligada al deporte desde el trabajo y no desde la exhibición. Una familia de oficio, no de espectáculo.

Ese silencio posterior no debe interpretarse como irrelevancia. Al contrario. Es una forma de dignidad que el fútbol moderno ha perdido casi por completo. La dignidad de quien no necesita explicarse. De quien acepta que una etapa fue importante, pero no eterna. De quien no exige que se le recuerde constantemente para validar lo que fue.

Bañón murió en 1987, a los 65 años. Sin homenajes multitudinarios. Sin relecturas sentimentales. El Real Madrid lo conserva en su memoria institucional, como corresponde. Pero no ha sido objeto de revisionismo ni de apropiaciones oportunistas. Y quizá por eso su figura sigue limpia. No ha sido desgastada por el exceso de relato.

Foto de época de Bañon. Fotografía de todocolección.

Conviene hacer aquí una reflexión incómoda. El fútbol actual vive obsesionado con la memoria selectiva. Se recuerda lo que conviene y se olvida lo que no genera rendimiento emocional inmediato. Bañón no encaja bien en ese esquema. No dejó una narrativa fácilmente explotable. No hay caída trágica ni redención posterior. No hay frase para la portada. Hay, simplemente, una carrera sólida y una retirada forzosa asumida con naturalidad.

Y sin embargo, su ejemplo es más necesario que nunca. En una época de victimismos constantes, de relatos inflados y de egos desbocados, recordar a Bañón es recordar que el profesionalismo también consiste en saber marcharse. Que no todo merece continuidad. Que no todo debe ser contado una y otra vez. Que la grandeza, a veces, está en la renuncia.

Bañón no pidió que lo recordaran, no exigió homenajes y no reclamó espacio. Precisamente por eso merece ser recordado. Porque representa una forma de entender el Real Madrid que hoy escasea: la del futbolista que sirve al club y no se sirve de él. La del profesional que entiende que el escudo no es una franquicia personal sino una responsabilidad temporal.

Hoy, cuando el fútbol se ha convertido en una conversación infinita y agotadora, su silencio resuena más que muchos discursos. No dejó frases célebres ni gestos icónicos. Dejó una portería bien defendida y una vida vivida con discreción. En un mundo que confunde visibilidad con importancia, eso es casi revolucionario.

Bañón fue un gran portero. Pero, sobre todo, fue algo más raro: un exfutbolista que aceptó dejar de serlo. Y en ese gesto, silencioso y definitivo, hay una lección que el fútbol moderno haría bien en aprender.

Sus datos en el Real Madrid, extraídos de la obra Veteranos y Noveles (Geoplaneta 2023), del que es autor un servidor, son los siguientes:

NOMBRE: José Bañón Gonzálbez.

POSICIÓN: Portero.

NACIMIENTO: 19 de julio de 1922.

LUGAR DE NACIMIENTO: Alicante. España.

FALLECIMIENTO: 21 de abril de 1987.

NACIONALIDAD: España.

DEBUT: 19 de abril de 1943, amistoso, R. Madrid-R. Sociedad, 2-2.

ÚLTIMO PARTIDO OFICIAL: 27 de abril de 1949, Copa, R. Madrid-Athletic, 1-3.

ÚLTIMO PARTIDO: 26 de junio de 1949, Trofeo Teresa Herrera, R, Madrid-Racing de Paris, 2-1.

TEMPORADAS: 7

PARTIDOS OFICIALES: 159

LIGA: 132

COPA: 27

VICTORIAS: 81, EMPATES: 30, DERROTAS: 48

TITULAR: 159

SUPLENTE: 0

SUSTITUDO: 0

MINUTOS: 14.310

PARTIDOS COMPLETOS: 159

PARTIDOS AMISTOSOS: 48

GOLES ENCAJADOS: 225

PARTIDOS IMBATIDO: 40.

INTERNACIONAL: 1 vez con España.

TRAYECTORIA: Hércules, Elche, Real Madrid, Alicante.

TÍTULOS CON EL REAL MADRID:

2 Copas.

1 Copa Eva Duarte.

1 Trofeo Zamora.

 

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Trofeo La Gran Familia al Mejor Jugador 2025-2026 | MVP (Benfica – Real Madrid CF «Champions»)

18/02/2026 por Antonio Armero Antonio Armero

El Madrid volvía a Lisboa, en dónde en la anterior visita sé condenó a jugar éste play offs por no hacer bien los deberes. Y llegó con la lección bien aprendida y sacó un magnífico resultado de cara al partido de vuelta.

No vamos a entrar en los lamentables sucesos que ocurrieron tras el gol de Vini, ya habrá tiempo para hablar de eso. Vamos a quedarnos con lo positivo y la mejoría que sé está notando en el equipo en los últimos partidos. Tras el encuentro frente a los benfiquistas os dimos a elegir entre Vinicius, Tchouaméni, Valverde y Courtois para el MVP madridista, siendo Tchouaméni el elegido con un 60% de los votos, seguido de Vinicius 36%, Valverde 3% y Courtois 1%.

El sábado viajamos a Pamplona con la intención de seguir con esta dinámica positiva y seguir en el liderato.

Archivado en: Nuestros Jugadores, Trofeo al Mejor Jugador

Trofeo La Gran Familia al mejor jugador 2025-2026 | MVP (Real Madrid CF – Real Sociedad «Liga»)

16/02/2026 por Peña Madridista La Gran Familia Peña Madridista La Gran Familia

Poco a poco el Madrid va recuperando sensaciones, importante a puertas de la eliminatoria frente al Benfica. El partido frente a los donostiarras fue una muestra de lo que los madridistas esperaban de su equipo.

Era importante vencer para seguir esa dinámica positiva de resultados que se llevaba en Liga, y sobre todo para meter presión al líder. Tras el partido os dimos la opción de elegir entre Vinicius, Valverde, Gonzalo y Güler para elegir el MVP madridista, siendo el brasileño con un 50% de los votos el elegido, seguido de Valverde 38%, Gonzalo 9% y Güler 3%.

Y así va la general 

 

El próximo martes volvemos a Lisboa para jugar de nuevo frente al Benfica en el partido de ida de los play In.

Archivado en: Nuestros Jugadores, Trofeo al Mejor Jugador

El Club De Los 100 | Bale

15/02/2026 por JaviDatos JaviDatos

«Imagen. Bale con su quinta Champions. Fotografía Realmadrid.com»

Gareth Bale es, probablemente, el futbolista más malinterpretado de la historia reciente del Real Madrid. Y no porque su carrera admita demasiadas interpretaciones, los hechos son tozudos, sino porque el fútbol moderno no sabe muy bien qué hacer con alguien que gana mucho, decide poco y se marcha sin mirar atrás. Bale no encaja en el molde del héroe agradecido ni en el del villano resentido. Simplemente pasó, arrasó cuando quiso y se fue a jugar al golf.

Y eso, en este negocio, resulta insoportable.

GARETH BALE O CÓMO GANAR CINCO COPAS DE EUROPA SIN QUE TE IMPORTE DEMASIADO GUSTAR

Gareth Frank Bale nace en Cardiff en 1989. Su historia empieza lejos del foco, en Gales, ese país que produce futbolistas con cuentagotas y que, de repente, se encuentra con uno capaz de correr como un velocista, chutar como un mulo y decidir finales de Copa de Europa como quien pide un café.

En el Southampton debuta muy joven, primero como lateral izquierdo. Ya entonces se aprecia algo inquietante: Bale no solo corre más que los demás, sino que parece hacerlo con despreocupación, como si el esfuerzo fuera una molestia ajena. El Tottenham lo ficha pronto, y allí empieza la mutación definitiva: de lateral a extremo, de promesa a fenómeno.

En la Premier League, Bale se convierte en una fuerza de la naturaleza. Regates largos, arrancadas imposibles, goles desde fuera del área. En 2013 es uno de los mejores jugadores del mundo, sin discusión. Y entonces aparece el Real Madrid.

El Real Madrid ficha a Bale en el verano de 2013 por una cifra récord. No llega como complemento. Llega como apuesta estratégica: el heredero físico de Cristiano, el futuro del club, el jugador llamado a dominar Europa la siguiente década.

Lo curioso es que Bale nunca pidió ese papel. Se lo colocaron encima como se coloca una chaqueta demasiado grande. Él se la puso, hizo lo que pudo… y jamás fingió que le quedara perfecta.

Su primera temporada es, directamente, fundacional. Bale decide la final de Copa del Rey de 2014 con una carrera antológica por la banda, dejando atrás a Bartra (todavía le está buscando) como quien deja atrás un mal recuerdo. Ese gol no es sólo velocidad: es poder, determinación y una forma muy seria de anunciarse en el Real Madrid.

Semanas después, en Lisboa, en la final de la Décima, Bale marca el gol que rompe el empate en la prórroga. No es el más recordado, ese honor se lo lleva Ramos, pero es el gol que inclina la final. El Real Madrid gana su décima Copa de Europa y Bale ya está dentro de la historia grande del club.

Sin discursos. Sin proclamas. Sin prometer amor eterno.

Aquí conviene detenerse, porque el caso Bale suele naufragar cuando se llega a los números, que son un estorbo para el relato.

Con el Real Madrid, Gareth Bale gana títulos, muchos títulos y no como figurante. Bale marca en la final de Copa del Rey, en la final de Copa de Europa 2014, final del Mundial 2014, y final de Copa de Europa 2018 (dos goles, uno de ellos una chilena obscena)

Ese gol de Kiev —la chilena— es probablemente el mejor gol en una final de Copa de Europa de la historia (con permiso de Zidane y su volea). Bale entra desde el banquillo, no pregunta, no negocia protagonismo y ejecuta una obra de arte que decide el título. Y luego, como si nada, vuelve al segundo plano.

El problema no es lo que Bale hizo. El problema es que nunca pareció necesitar que se lo agradecieran.

A partir de cierto momento, la relación entre Bale y el entorno del Real Madrid se vuelve tensa. Lesiones, irregularidad, suplencias. Pero, sobre todo, una diferencia cultural insalvable: al madridismo le gusta que le quieran en público. Bale nunca jugó a eso.

No aprendió bien el español. No dio grandes entrevistas emocionales. No se entregó al folclore. Y encima tenía una afición imperdonable: el golf. El golf, ese deporte que el madridismo mediático decidió convertir en prueba pericial de desamor.

Bale no discutió esa caricatura. La dejó correr. A veces, incluso, la alimentó. El famoso episodio de la bandera “Wales. Golf. Madrid. In that order” fue recibido como una provocación. En realidad fue otra cosa: una muestra de indiferencia absoluta hacia el qué dirán.

Y eso, otra vez, es inadmisible.

Con Zidane, la relación fue profesional, correcta y fría. Zidane no necesitaba a Bale para explicar el fútbol. Bale no necesitaba a Zidane para sentirse futbolista. Cuando jugó, rindió. Cuando no, aceptó el banquillo con una mezcla de resignación y desinterés que desesperó a muchos.

Pero conviene insistir: nunca hubo un conflicto público grave. Hubo una desconexión emocional. Que no es lo mismo.

Con Gales, Bale fue otra cosa. Capitán, referente, líder. Lleva a su selección a una semifinal de Eurocopa en 2016, algo impensable en la historia del país. Ahí sí asume el papel de ídolo nacional. Porque era su gente, porque era su idioma, porque nadie le exigía representar un relato ajeno.

Gales fue el lugar donde Bale decidió implicarse emocionalmente. El Real Madrid fue el lugar donde decidió ganar.

Bale se marcha del Real Madrid en 2022. Lo hace tras ganar su quinta orejona. Se va sin lágrimas, sin homenajes impostados, sin cartas abiertas a la afición. Juega brevemente en la MLS, disputa un último Mundial con Gales y se retira.

No pide perdón. No explica nada. No reescribe su historia.

Bale haciendo su tipica celebración. Fotografía Independent.co.uk

Gareth Bale fue uno de los jugadores más decisivos en finales de la historia del club, un futbolista físicamente dominante, un ganador serial y un tipo al que nunca le importó demasiado gustar

Eso último es lo que más le cuesta perdonarle a cierta parte del madridismo. Porque Bale no jugó al juego emocional. Jugó al fútbol. Y cuando no le apeteció jugar más, se fue.

El pecado capital de Gareth Bale en el Real Madrid no fue lesionarse, ni jugar al golf, ni no hablar español perfecto. Fue algo mucho más grave: no necesitar el aplauso.

Ganó cinco Copas de Europa, decidió finales, marcó goles históricos… y nunca pidió que le levantaran una estatua. En un club que vive de la grandeza, Bale recordó algo incómodo: que se puede ser decisivo sin ser devoto.

Y quizá por eso su figura seguirá siendo discutida, porque el fútbol acepta muchas cosas, pero lleva fatal la independencia emocional.

Gareth Bale pasó por el Real Madrid como un huracán educado: entró, destrozó lo que tenía que destrozar y se fue a jugar al golf.

Mientras algunos todavía discuten si fue un fracaso, las vitrinas siguen contando cinco Champions.

El resto es ruido.

Sus datos en el Real Madrid, extraídos de la obra Veteranos y Noveles (Geoplaneta 2023) y escrita por un servidor, son los siguientes:

 

NOMBRE: Gareth Frank Bale.

POSICIÓN: Extremo izquierda.

NACIMIENTO: 16 de julio de 1989.

LUGAR DE NACIMIENTO: Cardiff (Gales).

NACIONALIDAD: Gales.

DEBUT: 14 de septiembre de 2013, Liga, Villarreal-R. Madrid, 2-2.

ÚLTIMO PARTIDO: 9 de abril de 2022, Liga, R. Madrid-Getafe, 2-0.

TEMPORADAS: 8

PARTIDOS OFICIALES: 258

LIGA: 176

COPA: 13

SUPERCOPA DE ESPAÑA: 3

COPA DE EUROPA: 57

SUPERCOPA DE EUROPA: 3

MUNDIAL DE CLUBES: 6

VICTORIAS: 167, EMPATES: 49, DERROTAS: 42

TITULAR: 208

SUPLENTE: 50

SUSTITUDO: 91

MINUTOS: 18.191

PARTIDOS COMPLETOS: 115

PARTIDOS AMISTOSOS: 25

GOLES: 106

PRIMER GOL: 14 de septiembre de 2013, Liga, Villarreal-R. Madrid, 2-2.

ÚLTIMO GOL: 22 de agosto de 2021, Liga, Levante-R. Madrid, 3-3.

PÓKER: 1,

HAT TRICKS: 3

DOBLETES: 15

ASISTENCIAS: 58

INTERNACIONAL: 111 veces con Gales.

TRAYECTORIA: Southampton, Tottenham, Real Madrid, Tottenham, Real Madrid, Los Ángeles SC.

TÍTULOS CON EL REAL MADRID:

3 Ligas.

1 Copa.

3 Supercopas de España.

5 Copas de Europa.

3 Supercopas de Europa.

4 Mundiales de Clubs.

 

Archivado en: El Club de los 100, Nuestra Historia, Nuestros Jugadores

Trofeo La Gran Familia al Mejor Jugador 2025-2026 | MVP (Valencia CF – Real Madrid CF «Liga»)

09/02/2026 por Peña Madridista La Gran Familia Peña Madridista La Gran Familia

El Madrid saltaba a Mestalla con la necesidad de vencer y de cambiar esas malas sensaciones de los últimos meses (salvo excepciones).  Lo primero lo consiguió, pero al equipo aún le falta encontrar su mejor versión.

El Madrid logró vencer en Mestalla y sigue a tan sólo un punto del líder. Tras el partido os dimos la opción de elegir entre Mbappé, Camavinga, Carreras y Güler para el MVP madridista, siendo Álvaro Carreras el elegido con un 79% de los votos, seguido de Güler 12%, Mbappé 5% y Camavinga 4%.

El próximo sábado el equipo recibe a la Real Sociedad, no sólo con la obligación de vencer, sino también de convencer.

 

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