El Club de los 100 | Atienza II

«Imagen. Ángel Atienza -Atienza II-. Fotografía Hemeroteca Real Madrid.»
La historia del Real Madrid no la escriben solo los nombres que caben en una pancarta. La escriben también —y a veces sobre todo— los futbolistas que sostuvieron el edificio mientras otros se llevaban los aplausos. Jugadores sin pose, sin relato prefabricado, sin necesidad de explicarse treinta años después. Ángel Atienza Landeta, conocido futbolísticamente como Atienza II, pertenece a esa estirpe silenciosa y esencial: la de los que ganaron Europa antes de que Europa supiera que estaba siendo conquistada.
ATIENZA II, EL DEFENSA QUE GANÓ EUROPA Y SE FUE A PINTAR EL MUNDO
Atienza II no fue una estrella y, sin embargo, ganó cinco Copas de Europa con el Real Madrid. No fue un icono pop y, sin embargo, fue defensa titular en el Madrid que inventó la hegemonía continental. No fue tertuliano, ni columnista, ni portavoz de sí mismo. Se retiró, cambió el balón por el arte y desapareció del foco con una elegancia que hoy parece ciencia ficción.
En tiempos de fútbol sobreactuado, conviene recordar a tipos así.
Ángel Atienza nace en Madrid en 1931. Cuando llega a la élite, el fútbol no es un escaparate global ni un laboratorio de marketing. Es un oficio duro, físico, con campos pesados y reglas que hoy resultarían directamente salvajes. El defensa no está para construir relatos, sino para ganar duelos. Y Atienza lo entendió pronto.
Antes de llegar al Real Madrid, pasa por clubes como la SG Lucense y el Real Zaragoza, donde se forma como futbolista de Primera División. No llega como promesa etérea, sino como defensa ya hecho, con cuerpo, lectura de juego y una cualidad que en los años cincuenta era oro puro: fiabilidad.
Atienza ficha por el Real Madrid en 1954, justo cuando el club empieza a construir algo que todavía no tiene nombre, pero sí ambición. Ese Madrid no es aún el mito cerrado que hoy conocemos; es un equipo en expansión, con Di Stéfano como eje, Gento como vértigo y una defensa que debía sostener un fútbol ofensivo, atrevido y, para la época, revolucionario.
Ahí aparece Atienza II. Defensa, sobrio, disciplinado, sin alardes innecesarios. No es el central que sale en la foto, sino el que permite que la foto exista. En aquellos años, el Real Madrid no gana desde el control estético, sino desde el equilibrio entre talento y orden. Y Atienza es orden.
Forma parte del equipo que gana la primera Copa de Europa en 1956, y también de los que ganan la segunda, la tercera, la cuarta y la quinta. Cinco seguidas. Una barbaridad que el fútbol moderno, con toda su ingeniería, todavía no ha sido capaz de repetir. Atienza está ahí, temporada tras temporada, como parte de una defensa que hace posible que el Madrid ataque sin complejos.
No todos juegan todas las finales. No todos son portada. Pero todos forman parte del mecanismo. Y Atienza lo fue.
Además de las Copas de Europa, Atienza gana Ligas y Copas Latinas con el Real Madrid. Compite en una época en la que no hay rotaciones amables ni discursos de gestión emocional. Se juega, se gana o se pierde, y se vuelve a empezar. El fútbol no perdona la debilidad, y menos aún en un club que empieza a acostumbrarse a ganar.
Atienza nunca fue un futbolista vistoso. Y eso, paradójicamente, le convierte en un futbolista muy del Real Madrid. Porque el club siempre ha necesitado —junto a los genios— jugadores que no estorben al genio. Que sepan cuándo cerrar, cuándo cubrir, cuándo no complicarse la vida. En la historia blanca hay muchos nombres así. Atienza es uno de los primeros.
El apodo de Atienza II no es caprichoso ni folclórico. Su hermano, Adolfo Atienza, también fue futbolista profesional y también jugó en el Real Madrid. Coincidieron en la plantilla, lo que obligó a diferenciarlos. Nada más. No hay marketing familiar ni saga impostada: hay dos hermanos jugando al fútbol al máximo nivel en una época durísima.
Que ambos llegaran al Real Madrid dice bastante del contexto: el club fichaba futbolistas hechos, no relatos.
Atienza se retira en 1960, con apenas 29 años. Hoy eso parecería una excentricidad. Entonces era una decisión razonable. El fútbol no ofrecía carreras eternas ni planes de vida posteriores garantizados. Y Atienza tenía algo que muchos futbolistas no tenían: una vocación fuera del balón.
Porque aquí llega uno de los giros más fascinantes de su biografía.
Tras dejar el fútbol, Ángel Atienza se dedica de lleno a su otra gran pasión: el arte plástico. No como hobby de domingo ni como distracción de exjugador nostálgico, sino como profesión seria. Trabaja en mosaicos, vidrieras, murales. Expone. Deja obra en espacios públicos. Se gana la vida con ello.
Es un tránsito tan radical como honesto. Del ruido del estadio al silencio del taller. De la táctica defensiva a la composición artística. Sin explotar su pasado futbolístico como reclamo. Sin entrevistas de autocelebración. Atienza no convierte su carrera en mercancía. Simplemente cambia de vida.
Hay algo profundamente elegante en eso.
De la vida privada de Atienza se sabe lo justo, y eso también dice mucho. Fue un hombre familiar, discreto, alejado del foco. Vivió en Madrid hasta su fallecimiento en 2015, a los 84 años. No buscó homenajes ruidosos ni discursos póstumos. Su legado estaba hecho.
Atienza II representa varias cosas que el fútbol moderno ha ido perdiendo:
– La idea de que no todos los héroes llevan capa. – Que se puede ganar muchísimo sin ser protagonista del relato. – Que el fútbol es un oficio, no una identidad totalitaria. – Que se puede salir del juego con dignidad y empezar otra vida sin drama.
En la historia del Real Madrid, Atienza es uno de esos nombres que conviene recordar cuando se habla de “ADN”, de “valores” o de “historia”. No porque diera discursos, sino porque estuvo cuando había que estar. Porque defendió cuando tocaba defender. Porque ganó cuando ganar era una rareza europea.
Y porque, cuando todo terminó, no necesitó contárnoslo.
En un club construido sobre la grandeza, Atienza II fue grande sin hacer ruido. Y eso, con los años, es una forma muy seria de eternidad.
Los datos en el Real Madrid de Atienza II, extraídos de la obra Veteranos y Noveles (Geoplaneta 2023) escrita por un servidor, son los siguientes:
NOMBRE: Ángel Atienza Landeta.
POSICIÓN: Defensa.
NACIMIENTO: 16 de marzo de 1931.
LUGAR DE NACIMIENTO: Madrid. España.
FALLECIMIENTO: 25 de agosto de 2015
NACIONALIDAD: España.
DEBUT: 2 de agosto de 1954, amistoso, R. Madrid-Murcia, 6-0.
DEBUT OFICIAL: 17 de octubre de 1954, Liga, Sevilla-R. Madrid, 1-0.
ÚLTIMO PARTIDO OFICIAL: 28 de septiembre de 1958, Liga, Celta-R. Madrid, 2-4.
ÚLTIMO PARTIDO: 16 de marzo de 1960, amistoso, R. Madrid-Indauchu, 3-0.
TEMPORADAS: 6
PARTIDOS OFICIALES: 99
LIGA: 73
COPA: 14
COPA DE EUROPA: 11
COPA LATINA: 1
VICTORIAS: 66, EMPATES: 14, DERROTAS: 19
TITULAR: 99
SUPLENTE: 0
SUSTITUDO: 0
MINUTOS: 8.894.
PARTIDOS COMPLETOS: 98
PARTIDOS AMISTOSOS: 52
GOLES: 0
ASISTENCIAS: 0
INTERNACIONAL: No.
TRAYECTORIA: Viveiro, Lucense, Real Zaragoza, Real Madrid, Toluca.
TÍTULOS CON EL REAL MADRID:
3 Ligas.
5 Copas de Europa.
2 Copas Latinas.

menudo futbolista para jugar en la época que jugó que no tubiera ninguna lesión y jugará todo es de admirar gracias a ellos el equipo de mis amores es hoy la leyenda que es HALA MADRID
Fabuloso….entregado al Madrid.
Gracias Javier por seguirme trayendo a esta sección a jugadores que han defendido nuestro escudo y que para muchos son auténticos desconocidos, y gracias a tu libro «Veteranos y Noveles» y a esta sección, podemos tener conocimiento de ellos. Un abrazo grande y Hala Madrid siempre!!!.