Obituario |¡ADIÓS MANUEL!
«En la imagen principal, comiendo en una terraza en Viena»
Ya han sido muchos los amigos que se nos han ido, en 38 años de existencia La Gran Familia ha sufrido muchas bajas por fallecimiento, hoy tenemos que despedir a unos de los pioneros, Manuel Carnicero Lago, descanse en paz.
Después de muchos viajes con nosotros, todavía recuerdo en una cafetería de la Plaza del Pilar en un desplazamiento a Zaragoza, junto con Antonio Gil me preguntó ¿Cómo me puedo hacer de la Peña? Solo le dije: “Con la educación que me has demostrado hace tiempo que te considero socio de La Gran Familia”, era el año 1995 y desde entonces ha sido uno de los socios más activos de nuestra Peña.
Enseguida se formó un trío con Antonio Gil y Antonio Gómez que se hizo inseparable en todos los desplazamientos, eran de buen comer y siempre visitaban un buen restaurante de la localidad, también se apuntaban a los juegos de mesa y a todas las actividades que organizábamos.

El 12 de diciembre de 2004, después de avisarnos por megafonía para que desalojáramos el Bernabéu, analicé la situación dándome miedo las carreras y las avalanchas y a voces dije: “No moveros ninguno, todo el mundo se queda en sus asientos”. ¡Parece mentira pero nuestros socios me hicieron caso! Estábamos nerviosos no sabíamos que pasaba y se acercó Manuel diciéndome: “Gerardo me parece prudente el ir saliendo poco a poco, la primera oleada ya ha salido y ahora lo podemos hacer con más tranquilidad” Viniendo de Manuel no lo pensé dos veces, mandé salir a todos y con una tranquilidad pasmosa en un momento estábamos en la calle. Para mí siempre fue un gran baluarte a la hora de tomar decisiones.

Era una persona entrañable; culta, daba gusto hablar con él de cualquier tema, recuerdo que me lo decía Fernando García; educada y algo muy importante en el movimiento de un grupo grande de personas, pacificadora, siempre quitaba hierro a los hechos para salir airosos lo antes posible. Recuerdo en La Coruña, a la salida del fútbol, un imbécil con un pedrusco, nos rompió los intermitentes traseros del autocar, nosotros le cogimos y le queríamos “poner las pilas”, Manuel bajó rápidamente del autocar y dijo: “No tocarlo”, nos ayudó a llevarlo a la policía y el imbécil pago la avería que había ocasionado.

Por su envergadura la espalda no le aguantó, tuvo que dejar los viajes y pasar los últimos años en su casa sin casi poder moverse. Se acercaba a las Asambleas y a alguna reunión importante, pero su actividad con La Gran Familia acabó siendo casi nula. Desde aquí quiero agradecerte todo lo que hiciste por nosotros y los buenos momentos que nos hiciste pasar. Como creyente rezaré por ti, pero seguro que por tu buena influencia en los amigos estarás en el cielo. Abrazo fuerte. Gerardo.














