Liga ACB; Final -4º partido- | No pudo ser
«En la imagen un lance del cuarto partido de la final. Fotografía Realmadrid.com»
No pudo ser. El Real Madrid no pudo alzarse con una nueva Liga, y un gran Valencia se lleva por primera vez en su historia el título a sus vitrinas. Tras ganar el primer partido, el Madrid se fue desinflando a la vez que el equipo naranja se crecía. La victoria en el segundo partido jugado en el Palacio de los Deportes hizo a los valencianos creer en el milagro. Dos grandes partidos al amparo de su afición y un Madrid que no se encontraba a sí mismo, hizo que el Valencia se proclamase campeón. Mi desconocimiento en profundidad de este deporte hace que no os pueda hacer un análisis acertado de lo que ha llevado al equipo a hundirse en el tramo decisivo de la temporada. Ya empiezo a escuchar que habría que empezar a tomar medidas de cara al próximo curso, y puede que algo haya que hacer, pero dentro de esa medidas no creo que esté la de prescindir de un Pablo Laso que ha hecho posible el milagro de recuperar un equipo que cuando llegó el tocaba fondo. Pero ya digo, no tengo la capacidad para hacer una valoración sobre ello. Seguro que durante la comida que tenemos hoy la Peña, Rafa, experto en el deporte de la canasta y buen conocedor de la sección, nos pueda aclarar cosas.
Dentro de la decepción lógica de no conseguir dos importantes títulos como son Liga y Euroliga, creo que debemos de estar satisfechos con lo que nos ha ofrecido el equipo en los últimos años. Lógicamente ahora toca trabajar para mejorar los posibles errores en este tramo final de la temporada y lograr que el equipo nos vuelva hacer vibrar la próxima temporada.
Os dejo el articulo escrito por Rubén Alcaide en Solobasket.com
Valencia 87 Real Madrid 76
Impossible is nothing:
El famoso eslogan de Adidas pocas veces habrá encontrado tanto sentido como hoy. Este viernes 16 de junio de 2017 ya pasa a formar parte con letras de oro de la Historia de un club que, justamente, este año cumple los 30 de existencia. Las láminas con las inscripciones de cuatro títulos cuelgan del techo de la Fonteta: una Copa del Rey (1998), una Uleb Cup (2003) y dos Eurocup (2010 y 2014), a los que hoy habrá que añadir la más brillante de todas ellas, la quinta copa, la primera Liga. Algo que ni el más optimista de los soñadores valencianos hubiera imaginado hace poco más de un mes cuando perdieron el último partido de Liga Regular contra UCAM Murcia, perdiendo la segunda plaza y el factor cancha para semifinales, y tras el varapalo anterior de la final contra Unicaja. Increíblemente, el equipo de Pedro Martínez, uno de los grandes artífices del éxito, no sólo se sobrepuso al contratiempo para afrontar con entereza los playoff, sino que supo activar los resortes necesarios para que el equipo creyera que era posible ir más allá, levantarse para hacer historia. Se presentaba un duelo inicial contra un mermado FC Barcelona. Tras ese paso, el siguiente escalón era un Baskonia con factor pista a su favor. También lo superaron, y para llegar hasta el cielo, debían eliminar al reciente campeón, el Madrid de Laso. El recibimiento por parte de la afición, como no podía ser de otra forma, encendía los ánimos y cargaba las baterías de sus jugadores.

A vida o muerte:
Comenzó eléctrico el duelo. Los dos equipos enchufados, intensos, apretando en defensa. Ya se había comentado por todos los costados que el factor diferencial del último partido había sido la intensidad, y ninguno quería perder hoy por esa condición. El Real Madrid necesitó tres intentos triples para anotar su primera canasta, un lanzamiento de tres de Rudy, mientras que el Valencia había comenzado a la carrera. Comenzó con una canasta de San Emeterio (para decir “aquí estoy yo, el último que ganó una Liga que no fuese del Madrid ni del Barcelona”) y otra del protagonista del primer cuarto, un enorme Joan Sastre.
Parecía evidente que el Madrid quería aprender de los anteriores partidos y Pablo Laso tenía un plan claro: frenar a Bojan Dubljevic. Cada balón que recibía al poste, emparejado siempre con el gigante Ayón, recibía rápidamente una ayuda para ahogar su espacio y limitar sus geniales ideas de pívot bailarín. Pero el montenegrino y su entrenador habían contraprogramado previamente ese plan: buscar rápidamente al hombre libre en esas situaciones, aunque esto supusiera no poder siquiera lanzar un tiro desde dentro de la zona. Así, encontró solos en el perímetro a Sastre y Diot para que éstos castigaran desde allí. Además, el ídolo local era un coloso atrás, capturando la mitad de los rebotes defensivos de su equipo (3 de 6).
Por parte madridista, el hombre con más personalidad y garra de la plantilla, Felipe Reyes, era quien tiraba del carro, a base de su oficio habitual en la pintura para moverse como Don Quijote, entre gigantes. Seis puntos del madrileño en los primeros 10 minutos. Por los locales, con un Duby que no miraba aro, el único que anotó más de una canasta fue Sastre, que se erigió en el líder de los taronja desde el principio, con 9 puntos casi inmaculados.
El cuarto mágico:
Se hace complicado realmente describir la atmósfera, el ambiente y lo ocurrido durante este período en el pabellón de La Fonteta. Muchos factores en juego para explicar el 29-11 de este cuarto, y por encima de ellos, los siguientes: intensidad, defensa, acierto y Will Thomas (de nuevo). Los valencianos no es que subieran una marcha, es que directamente metieron la sexta. Un triple de Vives para empezar, seguido de dos rebotes ofensivos de Will Thomas, y tres triples más de Rafa Martínez, Romain Sato, y el propio Thomas, que en este segundo parcial anotó 10 puntos para ser de nuevo fundamental. Pero lo que marcó la línea diferencial fue la férrea defensa con la que los de Valencia frenaron a su rival: a falta de tres minutos el marcador parcial del cuarto era 24-3!
La Fonteta de San Luis no daba crédito; saltaba, cantaba y soñaba: Poco antes de llegar al descanso ganaban por 23 a todo un Real Madrid y tenían la Liga al alcance de sus manos. Una canasta de Ayón rompió el parcial y un triple de Llull acercó un pelín a los blancos, pero un inconmensurable Will Thomas convertía un nuevo 2+1 para poner el momentáneo 48-31, +17 para los taronja.

Hubo otro factor determinante que es necesario para cualquier equipo campeón: la segunda unidad. Durante gran parte del espectacular segundo cuarto, el quinteto que estaba barriendo al Madrid sobre la pista no tenía ninguno de los cinco elegidos para comenzar el duelo: Vives, Rafa Martínez, Sato, Thomas y Oriola dieron una lección de entrega y compromiso, además de un acierto necesario para realizar cualquier gesta.
Joan Sastre mantiene la diferencia:
La segunda mitad no arrancó como esperaban los aficionados del Real Madrid. Iban pasando los minutos y las diferencias no menguaban como ellos imaginaban que debían hacerlo para remontar una diferencia tan grande, y más en un partido a vida o muerte. Hasta el momento en que apareció Llull, sólo Gustavo Ayón y un intermitente Rudy mantenían con algo de vida a su equipo, pero enfrente emergió una figura inesperada, el escolta catalán Joan Sastre, que si en el primer cuarto ya fue el líder, en este tercero volvió a echarse el equipo a la espalda. Finalizó con unos excelentes números: 19 puntos y 6 rebotes, además de ser la mecha del equipo local. Estuvo apoyado en este tercer cuarto por el capitán taronja, un Rafa Martínez con bastantes más minutos que el resto de la serie, a los que correspondió con nueve puntos fundamentales (dos triples).
El Madrid entonces hizo click. Llull comenzó a entonarse y a ver canasta con facilidad, Ayón seguía aportando puntos bajo el aro, y con una canasta de Carroll se puso a tan sólo 11 puntos a falta de disputar los últimos diez minutos. Los blancos debieron ver el miedo en los ojos de los jugadores locales, siguieron remando, y cuando Sato se levantó dos veces desde 6’75 para anotar lo que en partidos anteriores fue la puntilla, esta vez los falló.
Del pánico al éxtasis: CAMPEONES:
Poquito a poco, el Madrid, increíblemente, se metió en el partido. Tras los errores de Sato y después de un triple de Carroll, se colocaban a solamente 6 puntos a falta de poco más de seis minutos por disputar. Probablemente, toda la plantilla valencianista, su cuerpo técnico, y los 8500 espectadores que abarrotaban el pabellón se acordaron en ese momento del negro episodio vivido contra Unicaja hace un par de meses en esta misma pista.
Sin embargo, el Madrid no pudo completar la gesta, principalmente, porque hubo un hombre con más empeño que acierto hasta el momento, pero que supo insistir hasta dar la campanada final: Romain Sato se empeñó en anotar su triple-puntilla y volvió a intentarlo. Quien la sigue la consigue, o a la tercera va la vencida, lo que prefieran.
Y para colmo, y para gustarse, añadió a ese triple un mate tras rebote ofensivo que puso patas abajo a la Fonteta y acabó por enterrar al Madrid, 83-71 a falta de dos minutos. Llegaron a situarse por debajo de los 10 de diferencia, pero no quedaba tiempo para más, y ahí empezó la fiesta taronja. Y desde luego, no era para menos. Esperar 30 años para este momento bien merecía la pena. Valencia entera es una fiesta, y la noche será larga para esta ya mítica plantilla y para una afición que jamás olvidará esta temporada.
Enhorabuena al Valencia Basket, justo campeón de esta Final de Liga Endesa 2016-17.









